
La primera letra-fuerza es el Aleph. El Aleph representa lo primordial, el soplo primigenio salido de Kether, el Padre, encerrando en sí todas las potencialidades, pero sin configurar ninguna realización material. Es un poder energético, sin el cual nada podría hacerse. Es el principio de todas las cosas; es designio divino y en el plano humano, es un vasto propósito, vasta predisposición para algo que nos sobrepasa, que está más allá de nosotros mismos y que por lo general es inconsciente.
El Aleph representa el inicio de algo, un acto de voluntad que empieza siendo una semilla y cuyo destino desconocemos. Las semillas siempre dependen del campo en el que las planteemos.
El Aleph incidirá con más fuerza en tu vida si aquello que pretendes iniciar es acorde con tu conciencia y con tu proyecto de vida.
El Aleph representa siempre una sacudida, una movida, un toque de atención sobre algo, una llamada a la acción. El Aleph ha de representar el impulso hacia una nueva realidad. Este movimiento será más o menos brusco en función de la resistencia que se ponga a esa acción.
Si te dejas llevar, el Aleph será como ese chorro de agua que lo arrastra todo, que se lleva las impurezas y te purifica. En cambio, si te resistes, será como el huracán que lo arrasa todo a su paso para que puedas iniciar una nueva construcción. El Aleph prepara el terreno para un nuevo comienzo.
El Aleph representa esa fuerza viva que mora en nosotros y que puede sacarnos de cualquier apuro, de cualquier atasco, de cualquier depresión.
Pero la condición Sine qua non es la disposición a cambiar lo que no funciona, a no resistirse, a variar de actitud en la vida, a modificar el comportamiento.
Siendo la primera letra del código hebraico, el Aleph no tiene pasado y está volcado hacia el futuro. Significa que el Aleph te empuja a dejar el pasado atrás, a olvidar emociones que te impactaron y quedarte solo con la experiencia que te permite avanzar, evolucionar, enfocarte hacia nuevos objetivos.
En nuestro actual estado evolutivo, no podemos identificarnos conscientemente con el Aleph y cuando esa fuerza es activa en nuestra vida, nos utiliza inconscientemente como instrumentos de Dios, de nuestra divinidad interna, de la espiritualidad. Nos lleva a sentir como una presión interna que nos impele a la acción, que nos empuja a realizar un cambio que no nos dejará indiferentes.
En ocasiones ese impulso es tan fuerte, que la persona abandona su labor de los últimos años para realizar una actividad totalmente distinta, descolocando a todos los que tiene a su alrededor. Esto sucede, sobre todo cuando ese Aleph no está en primera posición, que es su lugar natural, porque tiende a descabalgarlo todo.
Respecto a los Elementos, el Aleph representa el primer estadio del Fuego. Es fuego en semilla, ese fuego que se encuentra en lo profundo de todas las cosas y que les permite arder al contacto con la llama. Hasta en la piedra encontramos encerrado el Aleph y si rascamos dos piedras, surge la chispa que delata esa presencia, principio de todo lo creado.
El Elemento Fuego es el primero de los cuatro Elementos y en el que se genera el impulso, las ganas de ir más allá, de salir del marasmo, de la posición de estancamiento, de lo que representa una repetición de la misma jugada. En ese primer estadio del Fuego encontramos las ganas de movimiento, de acción.
Así, el Aleph será una fuerza muy interesante en el inicio de cualquier actividad, de un negocio, de una relación, porque generará la necesidad de ir más allá, de avanzar, de conquistar nuevas metas.
Recuerdo a una mujer que vino a consultarme porque su negocio iba muy mal y me dijo que lo había llamado Aleph. Es muy difícil llevar adelante un negocio con tal fuerza de la naturaleza presidiéndolo. Le sugerí cambiar el nombre y empezarlo con la N de Noun.
En el ciclo zodiacal, el Aleph corresponde al signo de Aries, que también es principio y que actúa también de forma inconsciente. Todo lo que es número uno a cualquier nivel, lo es también en otros ciclos.
Debemos aplicar la ley de analogía constantemente y esa ley nos permitirá descubrir lo ignorado gracias a lo conocido, puesto que una verdad lo es si análogamente puede aplicarse a los procesos visibles y conocidos.
En el orden planetario, Aleph es el rostro oculto del Sol, ese Sol invisible del que hablan los místicos y que en el Árbol Cabalístico está representado por Kether. Ese Sol representa esa voluntad que se oculta en el Aleph, que te lleva a actuar pero sin que tengas demasiada conciencia de porqué actúas, solo sabes que debes hacerlo, sientes como una presión que te empuja a moverte, a salir de tu rutina.
Es esa fuerza que promueve Kether y que te dice ve, actúa, espabila, cambia de posición, pon en marcha un nuevo proceso que active tu Árbol de la Vida. Es la fuerza que me ha impulsado a coger mi pluma y a escribir sobre el Aleph.
En el Tarot, el Aleph aparece bajo la imagen de El Mago, lámina número uno, carta indicadora de potencialidades infinitas cuando aparece al inicio de un juego. El Mago indicará que la persona es movida por una fuerza inconsciente y que bajo ese impulso puede dar de sí algo extraordinario que sobrepasará su medida humana.
El Mago es portador de magia, de alquimia, de transmutación, te lleva hacia un cambio de realidad, te impulsa a jugar en otra liga, a convertirte en criatura de nuevo, a ser capaz de creer en tus posibilidades, aún cuando las circunstancias parezcan oponerse.
El mago te impulsa a mirar el futuro con ilusión, con ganas, con esperanza. El mago espera que creas en la magia de la vida, que hagas tu magia.
Cuando el mago aparece en tu vida, es señal de que las cosas van a modificarse en algún ámbito. La clave será no resistirse.
Si el Mago o el Aleph aparece «enterrado» en mitad de un juego, puede ser anunciador de un peligro, ya que el Aleph, que es energía pura, cuando surge inesperadamente en mitad de nuestra vida, lo que hace esa energía es destruir lo edificado para volverlo a su estado primordial, como si una bomba atómica cayera sobre nuestra realidad. Se trata de generar un cambio en el apartado de tu vida que lo necesite.
El problema puede surgir si te resistes a ese cambio. Es como si la vida te dice que dejes de fumar y tú te resistes, entonces el médico puede decirte que fumar te está afectando los pulmones y que o bien lo dejas o lo dejas. La vida es sabia y siempre nos muestra el camino a seguir, aunque no siempre le hacemos caso a la primera, entonces lo intentará una segunda vez y nos obligará a la tercera.
Resulta difícil canalizar positivamente la energía del Aleph, puesto que a través de él Dios insufla su voluntad en el ser humano, poniendo en su alma un designio que lo impulsa a abandonarlo todo para proceder a su realización. Así, para poder canalizar el Aleph es necesario mostrarnos dóciles a nuestro jefe interno y a sus dictámenes.
Y lo primero será intentar escucharlo, conectar con él a través de la meditación en las dos primeras horas de luz solar, que es cuando está activo el Aleph, Kether, Aries, las fuerzas que inician nuestro universo.
Dicen los cabalistas que Aleph es vida-muerte-vida, en el sentido de que, siendo la fuerza que produce la vida, es también la que destruye toda cristalización, todo atasco, todo freno. Representa así la muerte del pasado en lo que no nos permitía evolucionar y a veces eso puede traducirse en rupturas con personas que formaban parte de tu grupo, por ejemplo con las que ya no compartes aficiones.
Como nos movemos en una sociedad cuyos valores están invertidos y que en lugar de propiciar los cambios nos empuja a repetir la misma secuencia hasta el aburrimiento, en esta sociedad el Aleph puede ser considerado como un enemigo.
Esa parte de muerte del Aleph podemos considerarla como en el sentido de dejar atrás algo que ya no nos aporta una experiencia válida.
El Aleph es como un chorro de agua que te cae de pronto en la cabeza y produce la sensación de que tienes que ponerte en movimiento, que algo debe activarse en tu vida, que debes salir de la zona de confort. El Aleph te ayudará a romper estructuras, a salir del marasmo de una situación que te oprimía. Te permitirá enfocarte hacia algo nuevo. Creará una luz dentro de tu oscuridad.
En una tirada de cuatro cartas, el mejor lugar para el Aleph es el de la primera posición. Si aparece en posición He (2ª), diremos que la voluntad divina actúa en las circunstancias. Si en posición Vav (3ª), el Aleph estará en acción, substituyéndose a la acción humana: Dios actuará por mediación del ser humano, como ocurría con esos héroes de la Ilíada, en la guerra de Troya, que a veces se veían usurpados por los dioses, que se combatían a través de ellos. Si aparece en posición de segundo He (4ª), el Aleph será el fruto, el hijo, el resultado.
Claves: inicio, arranque, despegue, fuerza, voluntad, avance, semilla, vida, sacudida, acción, determinación, movida, impulso, nueva realidad, movimiento, fin de resistencia, cambio de actitud, futuro, conquistar metas, magia, alquimia, transformación, luz, fin del atasco.
Si quieres que el Aleph actúe en tu vida y mueva alguna de sus claves, dibuja la letra en un papel, luego escribes en la parte de atrás lo que quieres conseguir.
Pliega el papel y lo pones cerca de tu documento identidad hasta que se cumpla. Lo mismo puedes hacer con cualquiera de las letras.