Aries es a la vez el primer signo del zodiaco constituido y el primero del zodiaco constituyente, o sea, el zodiaco considerado por Elementos y por este orden: Fuego, Agua, Aire y Tierra.
Aries: El primer signo de Fuego
Aries es el primer signo de Fuego, simbolizando el inicio de toda creación. Todo lo que existe en el universo ha sido elaborado con la esencia que emana de Aries, conocida como Voluntad. Los nativos de Aries son ricos en esta misteriosa esencia, que representa el primer atributo de nuestra divinidad interna. A través de Aries, lo divino en nosotros se manifiesta en nuestra personalidad humana, implantando un designio o programa que debe ser llevado a su total materialización.
Esto convierte a los Aries en vehículos de un propósito superior. Su naturaleza divina los impulsa hacia la realización de un proyecto que a menudo ignoran, ya que estamos desconectados de nuestra parte divina y no comprendemos lo que la divinidad está creando hasta que nos sumergimos en un ciclo emotivo o intelectual. Con el tiempo, los más avanzados comienzan a vislumbrar el sentido del proyecto divino, pero en la perspectiva de Aries, somos completamente inconscientes del material que el Yo eterno está proyectando.
La Energía Primaveral de Aries
Aries marca el inicio de una estación en la que la naturaleza despierta con fuerza de su letargo invernal. Los nativos de Aries poseen el ímpetu y la energía de los brotes primaverales. Sus características principales son el inicio, la renovación y la aceleración. Se sienten atraídos por lo nuevo, lo aventurero, lo arriesgado y los retos. Su colaboración es esencial para poner en marcha cualquier proyecto, aunque su interés tiende a desvanecerse a medida que las cosas se consolidan y entran en una rutina.
La actitud de Aries
Los Aries no son propensos a aceptar consejos, ya que prefieren experimentar todo directamente o creen que ya lo saben. Los peligros que encuentran en su camino, en lugar de amedrentarlos, los animan a seguir adelante con más determinación. Se crecen ante la dificultad, haciendo honor a su planeta regente, Marte, el dios de la guerra. Un claro ejemplo de esta valentía se puede ver en Gregory Peck, un nativo de Aries, quien lo demostró en el icónico western Solo Ante el Peligro.
Aries: El abanderado
Podríamos considerar a Aries como el abanderado del Zodiaco, el pionero que inspecciona el terreno para que los demás puedan avanzar. Es un luchador incansable, y su influencia marciana lo inclina más hacia la creatividad que hacia el disfrute de las creaciones ajenas.
Temperamento y características
Debido a su temperamento guerrero e impulsivo, los Aries a menudo enfrentan críticas de sus congéneres. Generalmente, no analizan las consecuencias de sus actos antes de actuar; tienden a lanzarse de cabeza a la acción. Su objetivo no suele ser la riqueza o la felicidad, sino la gloria, el reconocimiento de llegar primero, ganar una medalla o destacar, como lo ejemplifica J. Paul Belmondo, un típico Aries.
Por ejemplo, si un nativo de Aries está participando en una carrera atlética y ve a un compañero caer, es probable que, aunque esté en primera posición, se detenga para ayudar al caído.
Naturaleza impredecible
Los nativos de Aries son impredecibles y a menudo hacen lo contrario de lo que se espera de ellos. Sin importar su edad, siempre llevan en su interior a un niño que sueña con ser Superman. La diplomacia no es una de sus virtudes; prefieren ir al grano, sin rodeos. Son radicales por naturaleza y, al actuar, ponen toda la carne en el asador. Para ellos, todo es blanco o negro, aborrecen la monotonía y desprecian la mediocridad. Necesitan estar siempre involucrados en algo significativo; de lo contrario, su energía se estanca, lo que puede llevarlos a la frustración, apatía o decaimiento.
Su presencia en cualquier escenario es evidente; después de su paso, nada queda igual. Un buen ejemplo de esto es Charles Chaplin, un Aries que dejó una huella imborrable.
La infancia y la protección divina
Aries se asocia con la infancia, rigiendo los primeros siete años de vida. Los nativos de este signo son cuidados y mimados por lo divino, como una madre cuida de su hijo. La intuición les advierte sobre las zonas de peligro y los límites que pueden cruzar, tendiéndoles una mano cuando están a punto de caer, ya que a menudo caminan al borde del precipicio.
Esta protección, aunque inconsciente, les permite superar el desánimo con sorprendente facilidad. Hablamos de la esencia pura de Aries, ya que existen muchos matices a considerar según cada persona.
Influencia planetaria y karmas
Si un nativo de Aries tiene el Sol o Marte débiles o mal aspectados, estas características pueden verse mitigadas, resultando en una voluntad inoperante o dormida. Por otro lado, una concentración de planetas en Aries puede hacer que la persona sienta la presión de cumplir múltiples objetivos, dispersando sus esfuerzos en diversas direcciones. A menos que sea excepcional, le costará llevar a cabo sus propósitos, ocupando el espacio vital de los demás y quemando gran parte de lo que toca debido a su exceso de Fuego. A menudo, se les reprocha estar fuera de la realidad y no tener los pies en el suelo.
Los aspectos negativos de Aries pueden llevar a un exceso de energía difícil de canalizar, lo que impulsa al nativo a realizar grandes hazañas o practicar deportes energéticos para liberar esa tensión. Esto puede resultar en agresividad y una tendencia a radicalizar las situaciones.
Reencarnación
Si los Aries vivieran en su primera encarnación, serían instrumentos dóciles de la divinidad, moviéndose en perfecta sincronía con el cosmos. Sin embargo, todos hemos experimentado numerosas encarnaciones, y al llegar a Aries en un nuevo ciclo, traemos deudas kármicas y hábitos adquiridos en vidas pasadas. Cuando el Yo Eterno nos indica un camino, a menudo respondemos: «Espera, primero debo liquidar mis deudas pendientes». Así, el nativo de Aries, en lugar de cumplir con las tareas de su signo, vive como si perteneciera a otra parte del Zodiaco. Este fenómeno es común y, en consecuencia, la persona puede verse obligada a repetir el signo en una nueva encarnación, para finalmente cumplir con las tareas impuestas por su divinidad interna. Por ello, los signos se dividen en tres partes, conocidas como Decanatos.
Primer Decanato de Aries
El Primer Decanato de Aries cubre los grados que van de 0 a 10 del signo, es decir, los nacidos entre el 21 y el 31 de marzo (aproximadamente). Es el Decanato Yod, regido por Marte, que es al mismo tiempo el regente del signo, siendo Aries a su vez el Yod de los signos de Fuego. En el orden sefirótico, Kether es la fuerza activa. En el Tarot, es el domicilio del As de Bastos. Es un Decanato de presente.
Por ser el Decanato Yod de un signo Yod, será en él que tendrán lugar los trabajos propios de Aries. El Yod corresponde a Kether en la formación del Nombre Divino y corresponde igualmente al mundo Cabalístico de las Emanaciones. En este Decanato los Aries se ven empujados hacia un nuevo ciclo de experiencias. Acaban de vivir un gran ciclo experimental, primero bajo el influjo del Fuego, después del Agua, luego del Aire y finalmente de la Tierra, y ahora se ven despojados de sus amigos, de sus relaciones, de sus amores, que los habían seguido en los ciclos anteriores, y entran en las arenas de la evolución para realizar otro tipo de experiencias, desconectados de todos los que formaron, durante las encarnaciones, su antiguo entorno. Por ello los Aries del primer Decanato se sienten solos, desarraigados, extranjeros en su familia y en su ciudad. Son como marcianos en un planeta que no es el suyo; como robinsones en una isla en la que tendrán que crearlo todo de nuevo.
En tales condiciones ¿es extraño que la persona intente huir de su destino?. Fue el caso, por ejemplo, de J. S. Bach, el gran compositor, que nació con el Sol a 1 grado de Aries. Esto sucede muy a menudo con los Aries del primer Decanato: se van, abandonan el hogar, la familia, el país y emprenden un viaje a cualquier parte, en busca de los que fueron compañeros de vida en otras encarnaciones. A veces los encuentran, y viven con ellos una felicidad a medias, porque esa vuelta a su ayer no es natural, es producto de una nostalgia, y les acompaña el sentimiento de haber traicionado su destino, de haberse escurrido de los designios de su divinidad.
La posición de planetas en los diez primeros grados de Aries nos indicará que algo está emanando por primera vez de la persona. Hay un nuevo designio a realizar, una nueva semilla a plantar, y como no puede esperarse que la semilla crezca y dé fruto de la noche a la mañana, es evidente que los planetas en ese sector indicarán que la persona es portadora de porvenir, que está iniciando algo que no podrá terminar y que otros vendrán tras ella para concluirlo.
En el terreno práctico Aries será, por excelencia, quiene empieza un negocio, crea una sociedad, quien se encuentra en la base de la formación de algo nuevo. Ahí estará en su lugar. En cambio, cuando la cosa se estabilice y empiece a funcionar, si persiste en permanecer en ella, ya no estará en su sitio y las dificultades que ha de encontrar en ese cometido acabarán por llevarle al abandono, o ese abandono le será exigido si no se da por enterado. Claro que le parecerá injusto, puesto que ha sido el fundador, pero su Ego superior ha programado la experiencia del inicio y no le sirve de nada experimentar la etapa de los frutos. Esta situación llevará al ánimo de la persona la sensación de que es víctima de una injusticia, de una monumental incomprensión.
Si tropezamos con tal persona en nuestra existencia, debemos esforzarnos por hacerle comprender que todos somos piedras de un edificio que se está levantando: el del mundo, el de la vida, y por ser esas piedras, no podemos al mismo tiempo ser las angulares que sostienen la mansión y los pilares que soportan el techo. Es esta una posición incómoda para la persona que ha de vivirla, pero cuando comprenda su misión, tendrá el inmenso goce de saber que ella ha sido elegida para la tarea ingrata de iniciar, y lo ha sido porque posee la fuerza suficiente para aguantar el edificio.
No todas las almas están preparadas para esta función: por ello en el mundo se inicia poco y las auténticas creaciones son raras. Cuando una persona posee uno o varios planetas en este primer Decanato, es signo evidente de que se trata de un espíritu de élite, de que tiene que ser fiel a su divinidad interna y su actuación tal vez escape a nuestra comprensión. No lo agobiemos con nuestras críticas porque es un ser en misión, con las espaldas muy cargadas.
Cuando el Aries del primer Decanato es fiel a su misión; cuando deja que se manifieste a través de él la parte divina que lleva dentro, es un formidable portador de Voluntad Creadora y la fuerza de su destino lo llevará a los lugares donde esa Voluntad es necesaria. Lo encontraremos allí donde comienza una obra y es necesaria la fe en su triunfo. Allí donde hay desbandada moral; donde el fracaso ha sumido los espíritus en los más negros abismos. Los levantará, los ayudará a caminar, les infundirá esperanza y los pondrá en la pista de las grandes realizaciones.
No será necesario que les lance discursos y proclamas: su presencia bastará porque es portador nato de aliento, y allí donde se encuentra, renace la ilusión, vuelve la fe y la voluntad dormida despierta de su letargo y el mundo se pone de nuevo en marcha.
Los malos aspectos sobre este Decanato darán siempre resultados violentos, ya que significan que la persona encontrará trabas en el cumplimiento de su misión, y como el ímpetu de su emanación es muy fuerte, si esa energía no puede salir, producirá en su interior explosiones, terremotos, huracanes, violencia asombrosa, tempestuosa, digna de una película catastrofista. El desorden interior provocará forzosamente desorden exterior; la persona no se comportará según los cánones y será rechazada por la sociedad, que verá en ella a la oveja negra, el antisocial con quien no se puede convivir.
Más respeto aun debe inspirarnos esta persona porque va cargada con una cruz que solo su alto linaje espiritual le permite soportar. Nuestro Aries del primer Decanato será pues una persona de andar errante, como esos héroes de los folletines televisivos, en busca de entuertos que «desfacer», como el Quijote, y con la seguridad de que siempre habrá un Sancho a su lado que no le comprenderá.
Si Aries incumple la misión y va en busca de paraísos pasados, en una próxima encarnación nacerá bajo el segundo Decanato de este signo, en vez de seguir el camino natural hacia Leo (segundo signo de Fuego).
Segundo Decanato de Aries
El segundo Decanato de Aries cubre los grados que van de 10 a 20 del signo, es decir, los nacidos entre el 1 y el 10 de abril (aproximadamente). Es el Decanato He, que se encuentra en relación lógica con el segundo signo de Fuego, Leo, que rige el Sol, que será igualmente el planeta regente de este Decanato. En el orden sefirótico, Hochmah será la fuerza activa. En el Tarot, este Decanato será el domicilio del dos de Bastos. Es un Decanato de anticipación o futuro.
Tal como ya hemos dicho en la nota preliminar, en cada una de las sucesivas etapas evolutivas hay un período de Recapitulación de las anteriores, pero al mismo tiempo hay una época de prefiguración del porvenir, en la que la persona, -y la humanidad entera-, realiza una especie de ensayo general de lo que será su vida en el futuro.
En este segundo Decanato de Aries se realizan trabajos de anticipación del futuro, y los planetas ubicados en él actuarán, en cierto modo, como si estuvieran en Leo. La salvedad, -importante-, es que no están ahí, sino en Aries, de modo que si por un lado la persona es portadora de una simiente nueva, de acuerdo con la tónica del signo, por otro es portadora de la «tierra» en la que esa simiente ha de penetrar.
Podríamos decir que acapara dos funciones: la de sembrador y la de propietario del terreno, y como esta última función es anticipada, prematura, tendremos que la persona aparecerá como un usurpador.
En este sector entra en funciones la fuerza llamada Amor, uniendo su impulso a la primera de las fuerzas cósmicas, llamada Voluntad, que ya estaba activa en el primer Decanato. El Amor ayuda a la Voluntad a realizarse. La persona, en su afán de crear un mundo nuevo, una nueva experiencia, se ve apoyada por gente cuya misión es dar la mano a los rezagados.
El Aries del primer Decanato se encuentra solo en un universo hostil; el Aries del segundo Decanato se encuentra en un entorno amable, simpático, que no le exige que demuestre lo que vale con realizaciones de orden material que no figuran en su Programa, sino que, por el contrario, es apreciado por su espiritualidad y ello hace que penetre en él la idea de que lleva dentro algo superior a lo cual debe plegarse y obedecer.
Hochmah, el segundo Séfira del Árbol Cabalístico, cubre con su manto protector a los que se aventuran por este Decanato, que es la «tierra» que dará en abundancia la leche y la miel de las que hablaba la Biblia. Es un anticipo de la Tierra Prometida, y esa persona ha de ser el promotor de esa Tierra, el gran sacrificado a la imagen de Cristo, que ha de permitir, con su sangre, que un día, en un futuro, nazca un mundo mejor.
Si la persona del primer Decanato era una incomprendida, la de este Decanato lo será más aún; será la víctima por cuyo sacrificio todo será mejor. Si en el primer Decanato se producía el impulso inicial, aquí la persona construye hacia adentro. Aporta al universo su propia armonía interna y la edificación de esa armonía es siempre laboriosa, ardua. Realiza un trabajo hercúleo sobre sí y se le puede considerar como un auténtico titán que modifica las estructuras del mundo, de su mundo interior.
Aries es el mundo nuevo. Es a través de ese signo que nos vienen las fuerzas que lo cambian todo, y en ese segundo Decanato esas fuerzas trabajan sobre uno mismo, porque nada puede renovarse si no empezamos por renovarnos nosotros mismos.
La tarea de descubrir el Yo Eterno y adorarlo, es en realidad propia de Leo, el segundo signo de Fuego, pero aquí se realiza anticipadamente porque la persona necesita ser ayudada y corre en su socorro el Amor Cósmico. El amor actúa siempre cuando se produce en nosotros el primer fallo, porque la organización cósmica hay una infinita delicadeza, y si en nuestras vidas aparece la diosa necesidad es porque nos hemos marginado de las corrientes universales y navegamos, como suele decirse, contra viento y marea.
Gracias a las ayudas, a la compresión de su entorno, el Aries del segundo Decanato se desentenderá de los asuntos materiales para entrar en un campo nuevo de experiencias y ser ese portador de Voluntad, de entusiasmo y de fe, que es la misión esencial de todos los Aries.
El amor por lo superior hará que esta persona busque, en la vida social, las grandes causas, los grandes personajes a los que servir. Será la persona fiel por excelencia y los grandes personajes lo distinguirán con su confianza.
Los planetas que actúan sobre este Decanato estarán trabajando en la edificación de nuestro templo interior, y tal vez los demás no perciban, -ni nosotros mismos-, los trabajos hercúleos que se están operando. Modificarse a sí mismo, ese será el objetivo de todo el que opera en este segundo Decanato.
Los malos aspectos harán que todo ese trabajo de edificación se realice violentamente, en circunstancias dramáticas, con destrucción, autodestrucciones, sobre todo con mutilaciones, con enfermedades, accidentes.
En este Decanato tenía su Sol, a 14 grados y su Urano (mal aspectado), a 19, el actor Anthony Perkins, que se hizo famoso por su intervención en la serie de películas de Psicosis y que murió de Sida.
Si la persona del primer Decanato debía inspirarnos respeto, más aun debe inspirarnos este obrero del Templo que trabaja en las catacumbas, en el claustro interior. Hochmah extenderá sobre estos peregrinos el manto de la providencia, y cuando parezca que la montaña de la vida va a caer sobre ellos para sepultarlos, la naturaleza entera acudirá en su socorro para salvarles de la catástrofe, y los que atentaren contra ellos sabrán que esos nativos de la segunda Década de Aries son hijos muy amados de la Divinidad y que la confusión cundirá entre los insensatos que intentaren destruirlos.
Tercer Decanato de Aries
El tercer Decanato de Aries cubre los grados que van de 20 a 30 de este signo, es decir, los nacidos del 10 al 20 de abril (aproximadamente). Es el Decanato Vav, que se encuentra en analogía con Sagitario, tercero de los signos de Fuego. Su regente es Júpiter, como lo es de Sagitario. En el orden sefirótico, Binah es la fuerza activa. En el Tarot, este Decanato es el domicilio del Tres de Bastos. Es un Decanato de anticipación o futuro-futuro.
Si el segundo Decanato representa un anticipo del He, este tercer Decanato es un anticipo del Vav, es decir, del período exteriorizador que tendrá lugar bajo los auspicios de Sagitario. Será pues el Decanato de los frutos anticipados, dando lugar a exteriorizaciones prematuras; exteriorizaciones que no han cumplido su tiempo y que no poseen las propiedades que deberían poseer. Sus frutos son ácidos: tienen la apariencia de la madurez, pero no están maduros.
Los nativos de este Decanato expresarán en toda su amplitud ese aspecto de apariencia que no corresponde a la realidad: pureza que no lo es; juventud que no lo es; debilidad que no lo es… serán “un gran engaño”, tanto en lo positivo como en lo negativo, aparentando unos defectos o unas virtudes, o ambos conjuntamente, que no se encuentran en su naturaleza profunda. Este podría ser el caso de el Lute, que tiene el Sol a 24 grados de Aries y la Luna a 23, ya que lo confundieron con un ladrón de categoría, cuando solo se dedicaba a hurtar gallinas.
Los nativos de este tercer Decanato son personas que pidieron una ración triple de programa a su Yo eterno. Hemos visto que en el segundo Decanato estaba activada la fuerza llamada Amor. En el tercer Decanato se activa la tercera de las fuerzas divinas, llamada Ley. Es una fuerza administrada por Jehovah, el Dios bíblico, que no se distingue precisamente por su delicadeza.
Los nativos de ese tercer Decanato se ven impregnados de la idea de que existe una Ley Cósmica y que es preciso cumplir con ella. Los Aries de este Decanato tienen la visión interna del Orden Universal, aparece en ellos la imagen del discurrir cósmico y ven cómo todo está en su lugar, en un proceso sin fin, comprendiendo que ellos forman parte de todo y que, por consiguiente, deben ocupar el lugar que les corresponde, sin pretender buscar en el ayer placeres y relaciones que forman parte de su historial humano y que son experiencias que no deben ser repetidas.
Este trabajo de comprensión de la Ley, en realidad forma parte de la dinámica de Sagitario, el tercer signo de Fuego, pero se les ofrece a esos nativos, debido a sus peticiones para avanzar más deprisa en el camino evolutivo. Dado que los nativos de este tercer Decanato son un fruto anticipado a su tiempo, se lanzan a experiencias que no son para ellos; se meten en empresas que solo más tarde, en otros ciclos vitales, han de rendir. Pero ellos aportan a esas empresas su enorme fe, su confianza ciega en aquello que ha de ser, siendo así los motores de un mundo futuro, cuyos frutos ellos no saborearán en la presente vida, aunque lo harán otras personas.
En este sentido son los grandes iniciadores del futuro, los que encienden la antorcha del porvenir. Si el primer Decanato es el de los fundadores de empresas de su tiempo y de su hora, el tercer Decanato es el de los fundadores de empresas del futuro y gracias a su impulso el futuro se hace hoy. Este es el caso de J. Mª. Ruiz Mateos, cuyo Sol se situaba en este tercer Decanato.
El tercer Decanato de cada signo es el exteriorizador de las virtudes que el signo encierra. Exteriorizar significa volcar sobre la sociedad los valores internos de los que es portadora la persona, de modo que Aries del tercer Decanato es una persona de obras, unas obras que se realizan por anticipado y que son propias, como decíamos, del tercer signo de Fuego, Sagitario.
Ello hace que este Aries aparezca como un precursor, un abanderado de ideas y movimientos que se instaurarán en el mundo, en un futuro más o menos lejano. Es un ser utópico por excelencia, pero, lanzando utopías, está haciendo lo que tiene que hacer: preparar el futuro, anticipar, ser el profeta que anuncia lo que va a suceder.
Los planetas situados en este Decanato estarán prestando sus fuerzas a la edificación de ese futuro de ciencia ficción. La influencia que Binah ejerce sobre esta fase Vav prematura hará que la persona, al amparo de la fuerza planetaria actuando allí, pueda describir ese futuro con una precisión pasmosa como si lo estuviera viendo. Esto hará que los que tengan activados los signos de Tierra en sus temas natales se contagien de su entusiasmo descriptivo y pongan su dinero en la empresa, una empresa que quizá no llegue muy lejos, pero que constituirá un precedente, un punto de referencia para las sucesivas generaciones.
La diferencia esencial entre una posición planetaria en el primer Decanato y en el tercero, es que en el primero, la persona será realmente la que pone la primera piedra de un edificio, cuya elaboración seguirá los procesos normales, mientras que en el tercero pondrá la primera piedra de una edificación futurista, impropia de la época, que solo excepcionalmente aguantará, cosa que puede suceder con el apoyo de Júpiter, por ejemplo, regente del Decanato, bien aspectado.
Siendo especialistas en el anticipo, es natural que encontremos a esos nativos en el dominio del arte, de la prospectiva, de la ciencia ficción, de la investigación, ya que esos son los terrenos en los que podrán desarrollar realmente sus virtudes. Amén de la espiritualidad. Si trabajan en negocios, como el futuro no es tierra en la que las cosas puedan aguantarse, no estarán mucho tiempo en el mismo asunto. Cambiarán de empresa, de oficio, de ciudad y lo mismo promocionarán nabos que coles, puesto que la mercancía será lo de menos.
Si con buenos aspectos sus empresas difícilmente aguantarán, los malos aspectos los desconectarán tan radicalmente de la realidad que no encontrarán a nadie que quiera cargar con sus quimeras, y mientras ellos verán el futuro que preconizan con una claridad pasmosa, sus interlocutores no sabrán ver en sus elucubraciones más que despropósito y locura. La gente huirá de tales peregrinos que realizan la experiencia de que las cosas deben producirse a su tiempo.
Tenemos dos casos similares y totalmente opuestos en cuanto a la exteriorización de sus energías. El famoso asesino de mujeres Landru, nació con el Sol a 22,21, la Luna a 24,15 y Júpiter a 26,40 grados, de Aries todos ellos (en Casa XII), todos ellos en cuadratura con Plutón. Mientras que la famosa cantante de ópera, Monserrat Caballé, nació con Venus a 20,12, el Sol a 22 y Urano a 23,18 grados de Aries, todos ellos en cuadratura también con Plutón (en Casa IX).
El signo de Aries es un lugar poco confortable para vivir, ya que, siendo el signo de un comienzo, el Aries se encuentra en el mundo desvalido como un niño, pero del mismo modo que el niño se ve acogido por sus padres, también, en el ordenamiento cósmico el Aries se ve asistido por un signo de Tauro en Casa II, la del dinero, que le facilita los fondos necesarios para subsistir, y por una Casa X, la profesional, en Capricornio, el signo de las grandes empresas, que le asegura trabajo, un trabajo en su especialidad, que es la de promover empresas, la de ponerles la primera piedra, arrancando el entusiasmo del que las financia. Luego, cuando la empresa ha arrancado, el Aries deberá buscar otro asunto que promover, porque si se queda en ella se convertirá en un elemento parasitario.
Si el segundo decanato de Aries ya era complicado por estar en el futuro, este se mueve en el futuro-futuro, lo cual hará que la persona esté más “pa llá que pa cá”. El futuro no existe como tal y por eso resulta tremendamente incómodo para quien vive en esa posición. Los nativos de este decanato dispondrán de una gran intuición.
Los Aries suelen entenderse bien con los nativos de los demás signos de Fuego: Leo y Sagitario. Se llevan bien con los Géminis y Acuario, y encuentran en Libra su perfecto complemento (a nivel evolutivo, se entiende, precisamente por lo opuestos que llegan a ser) con vistas a una unión matrimonial. En cambio, se entenderán difícilmente con Cáncer y Capricornio.
Su principal virtud es la de despertar la fe y el entusiasmo de los demás. Su principal defecto es su exceso de individualismo, que impide, cuando se manifiesta, su perfecta integración en la sociedad.