Leo es el segundo signo del zodiaco constituyente, -por Elementos-, y el quinto del zodiaco constituido. Corresponde a la fase de interiorización del Elemento Fuego. Refiere la leyenda cabalística que cuando Dios se dispuso a crear el mundo, eligió la letra Beith, con su potencial creador, para que sirviera de piedra angular a su universo. El Beith es una fuerza elaborada con los materiales de Leo, signo que a través del cual se expresa la eterna sabiduría.
Cuando Salomón cumplió con el encargo que Dios le confió de edificarle un Templo, le preguntó cuál era la recompensa que deseaba por haber llevado a cabo su misión, y Salomón pidió sabiduría, únicamente sabiduría. Dios le dijo entonces: puesto que sabiduría pides, sabiduría tendrás y por añadidura, todo lo demás.
Los Leo son los herederos de esa sabiduría; son las piedras angulares sobre las que se apoya la organización de la sociedad, y cuando los Leo fallan en un momento histórico determinado, la civilización entera se hunde.
En Leo, La Voluntad, -Fuego que Dios introdujo en el ser humano para impulsarlo hacia la acción-, penetra en las estructuras humanas o, dicho de otro modo, la semilla divina plantada en la etapa de Aries es ahora inoculada, y en este sentido, Leo debe ejercer una función de gestación de este designio divino.
En lo más profundo, el tema central de la vida de este nativo consistirá en tomar conciencia de que es portador de algo superior a él mismo, de algo que lo sobrepasa. Deberá esforzarse en ser terreno en el que puedan crecer las semillas de la espiritualidad; a nivel práctico, esto puede significar ofrecer un marco físico, una casa, un local, una finca, un terreno, en el que puedan celebrarse encuentros susceptibles de despertar en los asistentes el afán por lo espiritual. No se trata de convencer ni de iniciar (a menos que la persona tenga en su tema una configuración astral que así lo indique). El cometido genérico de un Leo se limita simplemente a ser la circunstancia que propicia en los demás el descubrimiento de su personalidad divina.
Como nos dice la Astrología transcendente, Leo entró en funciones después de que Aries realizara su trabajo. Ya dijimos, al estudiar Aries, que era la puerta de penetración de lo divino en lo humano. Leo recoge las semillas divinas que se encuentran ya en su interior y forma ese «niño» que un día reinará sobre la tierra humana. Si la palabra clave de Aries era Voluntad, la palabra clave de Leo es Sabiduría-Amor, que expresa, en la vida social, como virtudes éticas, y son esas virtudes las que sirven de soporte al mundo.
La apetencia por lo metafísico, antes de manifestarse como tal, suele ser precedida por un interés por los asuntos públicos, por las actividades sociales y colectivas, de modo que esta persona, se sentirá a menudo inclinada a organizar reuniones, festejos, tertulias, ágapes mundanos en los que determinadas personas podrán conocer a otras capaces de abrirles nuevos horizontes, con lo cual Leo ya habrá cumplido parte de su cometido, ya que habrá propiciado la ocasión para que los demás sientan el deseo de traspasar sus fronteras habituales, aunque solo sea a nivel mundano.
Leo sabe, aunque en la mayoría de los casos de forma inconsciente, que su programa humano incluye la fidelidad a un ideal superior y actuará en este sentido como un actor que interpreta un guión previamente escrito. Por esta razón, suele asimilarse el signo a la moral o la ética. Y al saberse portador de algo superior, debe comportarse en consecuencia, procurando que su quehacer humano no desentone con su misión profunda. Difícilmente se rebajará a cometer actos viles, a menos que en su tema natal se produzcan numerosas disonancias.
Pero cuando la persona abandona su moral, cuando le vuelve la espalda de forma radical, las enfermedades no tardan en aparecer en el cuerpo social: las defensas desaparecen de los cuerpos y las enfermedades infecciosas los destruyen. Cuando el germen de la destrucción aparece en la sociedad, los Leo deben predicar con el ejemplo. Si no lo hacen, el mal se extenderá y la sociedad entera puede irse a pique.
Una sociedad sin Leos o con Leos que no cumplen con su misión, va camino de la destrucción. Las personas que han nacido bajo este signo soportan sobre sus espaldas la pesada carga del mundo, como la tuvo Hércules en un momento de su peregrinaje humano. De ahí que sea grande su responsabilidad y que se les exija más que a cualquier otra persona.
¡Ojalá sus espaldas sean fuertes¡ Ojalá encuentren la manera adecuada de utilizar su sabiduría, porque de lo contrario, si la utilizan para defender ideas comunes y conceptos usados, prolongando su período de validez, no estarán haciendo un uso adecuado de su energía y se encontrarán, en la gran obra del mundo, sin papel que interpretar.
Primer Decanato de Leo
El primer Decanato de Leo cubre los grados comprendidos entre 0 y 10 del signo, los nacidos del 23 de julio al 2 de agosto (aproximadamente). Es el Decanato Yod, que se encuentra en analogía con Aries, de modo que está regido por Marte, que es al mismo tiempo el planeta regente de Aries. En el orden sefirótico lo rige Hesed. En el Tarot es el domicilio del 4 de Bastos. Es un Decanato de recapitulación o pasado.
Se trata, pues, de un Decanato de recapitulación de los trabajos correspondientes a Aries que no se llevaron a cabo como era debido en su momento. Son personas que no aprobaron las lecciones recibidas cuando vinieron al mundo bajo el primer signo de Fuego, Aries, y en lugar de repetir curso en el mismo signo, las jerarquías creadoras las sitúan en la clase siguiente, por así decirlo, pero en la sección de recapitulaciones, de manera que se vean estimuladas por compañeros de vida que reciben plenamente las lecciones correspondientes a Leo.
Leo es un signo en que el designio que penetró en nosotros a través de Aries es interiorizado en nuestro cuerpo del pensamiento, impregnando nuestras estructuras internas y convirtiéndonos en sus fieles cumplidores, ejecutores silenciosos, ya que es en la forma de obrar que el nativo de Leo dará testimonio del mensaje que lleva dentro.
Pero la persona del primer Decanato, si no ha realizado debidamente los trabajos de plantación del designio, mal podrá interiorizado y convertirse en su fiel ejecutor. Este trabajo no hecho, es el que ahora tendrá que realizar. O sea, que el primer Decanato de Leo constituye la puerta estrecha por la que penetra en nosotros la palabra divina que no penetró por la puerta ancha de Aries en momento oportuno.
Cuando una semilla es plantada, la tierra sabe que su misión es ponerse a disposición de la semilla para facilitarle los medios de crear una existencia. Aquí el nativo ve cuál es su misión, la percibe, cosa que no sucedía en Aries, porque en ese estadio era una pura semilla en busca de tierra en la que plantarse y sin saber si esta o aquella iba a ser la adecuada a su propósito, ya que tampoco conoce el propósito, es decir, el designio que el Eterno ha puesto en ella. La ventaja de esta segunda oportunidad consiste en que la persona está en posesión del designio, -la semilla-, y de la tierra que ha de elaborarlo, es decir, la circunstancia material en la que ese designio ha de florecer.
Ya no tendrá que ir dando tumbos en busca de la tierra que aceptará prestar a su cuerpo a su designio para que pueda existir. Aquí el designio es colocado en la buena tierra por pura bondad, ya que en primer lugar Hochmah ejerce privilegio en él, por ser el número dos de los signos de Fuego, y en segundo lugar está regido por Hesed (cuarto Séfira del Árbol Cabalístico, cuyo regente es Júpiter). ¿Qué puede esperarse de la actuación conjunta de Hochmah y Hesed si no es una inmensa bondad?
Por su parte Marte, que rige aquí como lo hace Aries, exige el retorno a la Ley no cumplida en la anterior etapa, pero ese retorno se efectúa bajo la guía de los dos grandes providencialistas (Hochmah y Hesed, o sea Urano y Júpiter), que prometen a la persona el aprendizaje con dulzura de lo que no pudo aprender cuando se encontraba en la esfera de Aries.
En el primer Decanato, las fuerzas dominantes son la Voluntad, perteneciente a Aries y la Sabiduría-Amor, perteneciente a Leo. La combinación de ambas impregna a estos nativos de la idea de que son portadores de un designio, de una misión procedente de su Yo superior, y que deben realizarla por encima de todo. Esto les convierte, en la vida social, en los fieles ejecutores de órdenes que proceden de un superior.
En el período infantil el superior es el padre, por el que sienten un amor sin límites; siempre, claro está, que en este sector no se formen malos aspectos. La sumisión filial será la clave de su infancia. Ya en la vida adulta, serán sumisos a las leyes, a los reglamentos, a las autoridades, y buscarán un trabajo que los sitúe por debajo de una figura eminente, a la que puedan servir con abnegación.
El amor será la tónica de todas las primeras recapitulaciones que se efectúen en los segundos signos de cada Elemento, de modo que podemos establecer como regla que cuando una lección no ha podido ser aprendida por un alma en peregrinaje. los agentes del amor le proporcionarán una segunda oportunidad para enseñarle con infinita dulzura.
De esta forma, tendremos que las personas de este primer Decanato se encontrarán a menudo en situaciones de privilegio. Como la lección a aprender consiste en impregnarse de que son depositarios de un designio divino que deben llevar a buen término, haciendo primero que nazcan en ellos y que produzca fruto después, se encontrarán con circunstancias materiales susceptibles de ilustrar el tema central de sus vidas. Serán así a menudo detentores de un secreto importante, de una gran misión, confiada por alguien más elevado que ellos, que representa, claro está, la divinidad (este sería el caso, por ejemplo, del gran esoterista Max Heindel, con el Sol, la Luna y el Ascendente en el primer Decanato de Leo).
Serán los ejecutores de un mandato, aquellos en los que un superior ha depositado su confianza. O bien los detentores de un poder interno, de un don espiritual que los sobrepasa, que deben utilizar con sabiduría y que supone para ellos una gran responsabilidad.
Encontramos, pues, a esos Leo en puestos de consejeros, de presidentes o directores generales de grandes empresas, de eminencias grises en los ministerios; de ministros incluso, sometidos a la tutela del primer ministro, o de primeros ministros nombrados por un jefe de estado que gobierna de manera suprema. Su papel en la vida les está diciendo que deben someterse a los designios de su yo superior, y si lo entienden, ya no será necesario que ejecuten ese papel a nivel externo y social, porque lo harán internamente y serán personas que siguen sus impulsos superiores sin preguntarse a qué conduce todo aquello: serán los emisarios de su propia divinidad interna y actuarán de manera providencial.
La principal asignatura que estos nativos deben interiorizar es que en ellos mismos existe un director de orquesta, por así decirlo, y que deben acompañarse al ritmo de su batuta. Y, por otra parte, deben tomar conciencia de que están trabajando en un nuevo programa y que, por consiguiente, al actuar no deben apoyarse en modelos culturales ya existentes, sino trabajar en la avanzadilla de la cultura, creando nuevos enfoques, nuevos planteamientos. Este podría ser el caso del Centro Democrático y Social (CDS) que, con el Sol en el primer Decanato de Leo, actuó como avanzadilla en cuanto se instauró la democracia en España.
Los buenos aspectos sobre este Decanato harán que esa dinámica se desarrolle como una seda, sin tropiezos, convirtiéndose estos nativos, por la fuerza de las circunstancias, en brillantes ejecutivos a las órdenes de una alta personalidad de la política, de la ciencia o de las artes.
Los malos aspectos indicarán que su pasada actuación fue conflictiva. En nuestras aulas encontramos siempre al colegial tímido y apagado, que se inhibe y repite curso sin incordiar, y al colegial tumultuoso, conflictivo, agresivo, que tampoco aprende nada, pero incordia. Con una cuadratura de Saturno, Marte o Mercurio, estos Leo tendrán tendencia a ponerse a las órdenes de jueces corruptos, de tiranos y de filosofías erróneas, poniendo el mismo énfasis en el servicio. Se convierten entonces en profesores de una ética torcida y pueden hacer mucho daño a la sociedad porque se desprende de ellos una autoridad natural que hace que sean muy escuchados y seguidos.
El mundo está lleno de estos apóstoles que, desde sus cátedras, desde sus columnas en los periódicos, predican una moral que conduce a la enfermedad y la destrucción. Si la persona del primer Decanato pertenece a estos últimos, le costará grandes trabajos acceder al puesto que ha de ser el suyo, y que perderá varias veces en el curso de la vida. Quizá la alta opinión que tiene de sí mismo le lleve a querer usurpar la función de su jefe, por considerar que él puede hacer las cosas solo. Pero como el tema central de su vida es aprender que es portador de algo superior a él mismo, al suprimir a ese «superior», sale de su órbita natural y fuera de ella solo encontrará el caos.
Los trabajos en este Decanato no tienen por objeto despertar la conciencia de la persona, lo cual tendrá lugar más adelante. Se trata de sensibilizarla para ciertas cosas, de impregnarla del sentimiento de ser portadora de un designio que le sobrepasa. Será consciente, por supuesto, de muchas cosas, ya que todos hemos encarnado centenares de veces, pero no del propósito de su actual encarnación.
Por otro lado, al estar recapitulando la etapa de Aries y siendo este el signo de la voluntad, la persona se verá “obligada” a ayudar a los demás a activar su voluntad, a ponerse en marcha, a arrancar en distintos espacios de sus vida. Puede hacerlo ayudando a alguien a salir de una depresión o facilitando el impulso para arrancar una empresa.
El problema que suele surgir en los decanatos de recapitulación es que la persona, al verse actuando por debajo de sus posibilidades reales, porque está recapitulando, se siente ninguneada, menospreciada o poco apreciada. Es importante recalcar que no es necesario pasarse toda la vida recapitulando, porque se trata de un aprendizaje. Así que una vez aprendida la lección, la persona ya puede avanzar con todas sus prerrogativas.
Segundo Decanato de Leo
El segundo Decanato de Leo cubre los grados que van de 10 a 20 del signo, es decir, los nacidos del 2 al 12 de agosto (aproximadamente). Es el Decanato He y por ser Leo el signo He del Elemento Fuego, en este Decanato se realizan los trabajos propios del signo, de modo que su regente es el Sol, como lo es de todo el signo. En el orden sefirótico, Gueburah es la fuerza activa. Se trata, pues, de un Decanato de acción presente, no destinado ni a recapitular ni a anticipar. En el Tarot, es el domicilio del 5 de bastos.
Ya hemos visto que en Leo la semilla espiritual procedente de Aries se interioriza en la persona, esta se constituye en terreno para que el propósito espiritual pueda florecer.
La persona de este segundo Decanato será, pues, esencialmente ese terreno en el que queda plantada la idea divina, y si una persona nacida en este Decanato nos pregunta: ¿Qué debo hacer? ¿Cuál es mi misión? La respuesta que debemos darle es: ser la tierra que se ofrece a las semillas de la espiritualidad.
A niveles prácticos, ¿qué puede significar ser el terreno? En el mundo de las relaciones sociales, «terreno» significará circunstancia propia, de modo que los Leo del segundo Decanato serán la circunstancia que conducirá a los demás al descubrimiento de la espiritualidad en su propio interior. No es que estas personas tengan que ser los que inician, convencen, inducen, nada impide que también puedan hacerlo en virtud de otras cualidades cósmicas que puedan poseer, sino los que por el mero hecho de existir y encontrarse allí, son el pórtico de la gruta que conduce a esas semillas enterradas en su profundidad humana. Buen ejemplo de ello ha sido la famosa esoterista Helena Blavatski, que tenía Mercurio en este decanato, que creó una corriente nueva en el mundo del esoterismo, el Teosofismo.
Este Decanato es el que corresponde enteramente a los trabajos del signo, y van a parar a él aquellas personas que, -en otras vidas-, han trabajado a fondo y con provecho bajo el signo de Aries. Han asimilado perfectamente el hecho de que hay en nosotros una naturaleza superior y que debemos ejecutar sus mandatos poniendo a su disposición las fuerzas emotivas e intelectuales.
Habiendo asumido este hecho, los Leo del segundo Decanato se convierten en los portavoces de ese yo superior, del mismo modo que Cristo era el portavoz del Padre. Es un Decanato eminentemente crístico, y, a pequeña o a gran escala, estos nativos actúan como hizo el Maestro. En la vida de Jesús vemos como curaba, a veces, solo con su presencia, o solucionaba problemas con solo pronunciar una frase. También estos Leo aportan soluciones con solo aparecer, tal es la fuerza moral que se desprende de ellos.
Por su trabajo, el Leo del segundo Decanato debe forzar a la reflexión, al planteamiento de incógnitas a nivel de conciencia y el deseo de ir más allá de los límites anímicos en que se han movido las personas que los rodean. Debe ir donde la fuerza de las cosas le empuja y comportarse con naturalidad, sin sermonear a nadie, sin hacer discursos morales, porque su naturaleza profunda ya habla por ellas y les hará obrar sin que ni siquiera se enteren. Si hacen todo esto, ya estarán realizando la función cósmica que les ha sido asignada. Si no lo hacen, estarán incumpliendo su trabajo humano y en una próxima vida se verán obligadas a repetir curso.
Su cualidad de terreno ha de llevarles a ejercer esta función al máximo de sus posibilidades, ofreciendo su casa, sus propiedades, para celebrar reuniones, encuentros, convenciones susceptibles de despertar en las personas su afán por lo espiritual. Lo espiritual, antes de manifestarse directamente como una apetencia interior por lo metafísico, aparece como un interés por los asuntos públicos, por la vida social y colectiva, de modo que cuando decimos que los Leo del segundo Decanato deben inspirar en los demás el deseo de ir más allá, se trata de un «más allá» desde el punto en que se encuentran, que puede ser el escalón más bajo de la vida material.
Por ello los Leo de este segundo Decanato se encontrarán a todos los niveles y, siempre, a través de ellos, si realizan las funciones que deben ser las suyas, los que viven en su zona de influencia se verán impulsados a progresar en su itinerario humano y podrán así descubrir esa zona aún oscura donde las semillas de la espiritualidad yacen enterradas.
Esos Leo son las locomotoras sin las cuales ningún progreso humano podría existir. Las profesiones más idóneas a la función esencial de este segundo Decanato serán las de maestro, profesor, instructor, abogado, juez, actor, magistrado, presidente y todas aquellas en que la persona pueda ser un factor de toma de conciencia, el artífice de un nacer o de un renacer. Pero hagan lo que hagan, los Leo son auténticas columnas que sostienen a la sociedad y purifican el ambiente con su presencia.
Los buenos aspectos sobre este sector del Horóscopo harán que la persona encuentre sin trabas su función. Todo se conjugará a su alrededor para que se convierta en lo que debe ser, para que vea claramente cuál es su vocación y disponga de medios para realizarla.
Los malos aspectos, por el contrario, velarán a sus ojos su vocación y solo llegará a su meta tras no pocas dificultades. Los obstáculos se encargarán de abrirle los ojos y de situarla en el camino. Carl Gustav Jung o Fidel Castro son exponentes de este Decanato (en el que tienen al Sol).
Tercer Decanato de Leo
El tercer Decanato de Leo cubre los grados que van de 20 a 30 del signo, es decir, los nacidos del 13 al 23 de agosto (aproximadamente). Es el Decanato Vav, regido por Júpiter, que es al mismo tiempo el regente de Sagitario, el signo Vav de Fuego. por lo tanto, en este Decanato se realizarán anticipadamente trabajos correspondientes a la fase Sagitario. En el orden sefirótico, Tiphereth es la fuerza activa. En el Tarot, es el domicilio del 6 de bastos. Es un Decanato de anticipación o futuro.
Es un Decanato en el que se efectúan trabajos propios de Sagitario. Van a parar a este Decanato las personas que se han pedido una ración extra de experiencias en el momento de entrar en el umbral de la vida. Aquí, la Sabiduría-Amor se funde con la Inteligencia exteriorizadora, que es la nota dominante en Sagitario.
Este tercer Decanato de Leo encierra en sí una sublime historia de amor. Hay en cada uno de sus grados un amor demasiado grande para que la persona que ha nacido en él pueda contenerlo y, por consiguiente, esta siente la necesidad imperiosa de esparcirlo, de derramarlo sobre sus hermanos, inundarlos de esa fuerza creadora, transformadora y trastornadora que la quemaría viva si no la repartiera.
Aquí, en esta tierra del tercer Decanato de Leo nacen seres de promesa, los que han de despertar en el mundo una inmensa esperanza, los precursores de un universo fraternal.
En el tercer Decanato se exteriorizan los valores del signo; o sea, que se exterioriza la Sabiduría-Amor, dando lugar, no a la persona pasiva del segundo Decanato, sino a alguien que está impaciente por comunicar a los demás sus valores internos y ser el maestro, el gurú, el iniciado que forma un grupo y tiene muchos seguidores.
Pero esta comunicación se hace anticipadamente y no en su perfecto momento cósmico, y el Leo se encuentra un poco como el violinista en el tejado de la historia, ejecutando su destino desde una posición incómoda, y de ahí que muchas veces aparezca como un héroe, como un abanderado, realizando viajes, propios de Sagitario, a lugares marcados por la historia mítica o emprendiendo misiones en el extranjero.
Hemos visto cómo en Leo la semilla espiritual se interioriza, convirtiendo el signo en el campo sembrado en el que ha de nacer la obra. Como en el tercer Decanato actúan fuerzas exteriorizadoras bajo las órdenes de Júpiter-Hesed, esa interiorización se vuelca hacia arriba y se produce en la persona un estado de pre-conciencia de los valores interiorizados en ella. Hochmah ha depositado en ella la carga de amor que un día descubrirá plenamente. La persona de este Decanato, gracias a la proyección exteriorizadora de Binah, séfira activo en todos los procesos Vav, tendrá la pre-revelación de ese amor y sentirá la necesidad propia de toda fase Vav, de compartirlo con los demás.
Decimos pre-revelación, porque en la fase Leo la persona no es consciente de los nuevos trabajos que está llevando a cabo. No insistimos sobre este punto, que hemos desarrollado anteriormente en varias ocasiones. Este Leo solo siente que aquella felicidad interna que lo inunda, prefiguración del mundo futuro, tiene que compartirla, tiene que decirles a los que no viven esa felicidad que hay un mundo inefable a su alcance y que un día vivirán en la plenitud del amor.
Si la persona nacida en este Decanato se encuentra en un estado evolutivo elevado, su palabra será creadora y su visión del porvenir alcanzará niveles proféticos. Su soplo sobrehumano penetrará en el alma de las muchedumbres, creando en ellas una inmensa esperanza. No está preparada para enseñar las leyes del mundo. Es en el ciclo de Aire que la mecánica cósmica es «vista» por la persona. En Leo solo se puede operar a través de la fe: una fe viva que pulveriza las estructuras materiales arcaicas para construir en esos espacios, de nuevo libres, luminosos edificios.
Si su nivel evolutivo es medio, la persona encontrará en los libros santos algo que está en analogía con su orden interno y se convertirá en difusora de las doctrinas sagradas, de la religión, bien sea de manera personal o ingresando en una orden religiosa y ejerciendo un apostolado a través de ella. Como en todos los terrenos en que se realizan trabajos de anticipación, el tercer Decanato de Leo no ha de ser un lugar cómodo, en el que sea agradable vivir, puesto que se realiza una labor en una postura desequilibrada, desde un terreno que no es el apropiado para aquello que se está haciendo.
La difusión de la palabra divina es una función propia de Sagitario, no de Leo, de modo que este nativo desplegará un enorme ardor en la proclamación de sus convicciones y quizá vea con tristeza cómo otros que no poseen su celo llegan más fácilmente al público que él quisiera abordar. Como los puestos cómodos estarán ya ocupados por sus legítimos titulares, los de Sagitario, él deberá contentarse con las tribunas que los demás rechazan, quizá muy lejos de su ciudad natal, en las misiones, en las leproserías, en los terceros mundos depauperados, y será allí donde podrá desplegar todo su potencial de amor y de entrega.
Los buenos aspectos harán que el engranaje funcione a la perfección y que los depósitos interiores de amor y sabiduría puedan vaciarse en una sociedad adecuada, en la que la semilla podrá fructificar. Será la persona abnegada, generosa, desprendida, que gozará sacrificándose por los demás y llevará una vida fecunda y útil. El sacerdocio les va como anillo al dedo a esa clase de personas.
Los malos aspectos incidirán en el funcionamiento de la mecánica, de manera que esta labor podrá llevarse a cabo en malas condiciones, rodeada de dificultad y de dramas. El Leo será el que aportará la fe al moribundo, al condenado, a comunidades conflictivas o viviendo en estado de calamidad.
Los planetas de la izquierda, mal aspectados, producirán las cosas al revés y entonces tendremos al renegado, a quien proclama la destrucción de la fe, a quien inspira el odio, producciones todas de la tierra del mal, que es la suya. Tenemos también la figura del fanático, del inquisidor que, en nombre de la moral y de la religión, puede diezmar a media humanidad, poniendo una mal entendida virtud por encima de la misma vida. Preferiría perder la vida que quedarse sin la honra, y no será más condescendiente con los demás. Napoleón y Bill Clinton han nacido con el Sol en el tercer Decanato de Leo.
La Casa X de Leo se encuentra en Tauro, indicando que los objetivos materiales del signo consisten en armonizar la tierra, haciéndola más bella, más grata; en convertir el mundo en una auténtica obra de arte. Muchos Leo tienen grandes aptitudes para la escultura, la pintura o la música, y con el ejercicio de estos talentos la vida querrá decirles que deben esculpir la armonía y el arte en su propio interior y luego exteriorizar su sinfonía interna y hacer que las relaciones sociales sean un auténtico concierto. Crear la armonía en su entorno, he aquí el que debería ser su auténtico objetivo.
En nuestros mercados se vende la planta de la felicidad. Es una planta de hojas anchas y hermosas, que no debe ser comprada, solo puede ser recibida en ofrenda por alguien que la ha comprado previamente. Los nativos de ese tercer Decanato son, para sus hermanos, esa planta de la felicidad, promesa de días venturosos. No todos tienen la suerte de encontrárselos en el curso de sus vidas. Y a esa planta, si la encontramos, conviene cuidarla, regarla con el agua de nuestros sentimientos, moderadamente, porque es una planta frágil y sensible y el exceso de agua o de sol la puede mustiar.
Como punto final diremos que las personas del tercer Decanato de Leo suelen tener una gran intuición, que funcionará más con los demás que con ellos mismos, salvo que aprendan a usarla. Pero no siempre podrán expresarla porque a la gente no le gusta que le avances lo que le va a ocurrir.