Interpretación esotérica de los Evangelios

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Capítulo 4

Bienaventurados los pobres de espíritu, ya que de ellos será el reino de los cielos

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Todos volvieron a formar un circulo alrededor del Maestro, que se expresó de esta manera: «Bienaventurados los pobres en espíritu, ya que de ellos será el Reino de los Cielos«. Como ya hemos dicho, en las nueve Bienaventuranzas veremos enaltecidos los valores contrarios a los que la sociedad profana suele proclamar, enseñándonos así que el Reino Divino es la otra cara de la moneda de esta sociedad humana.

La primera Bienaventuranza iba dirigida a los pobres en espíritu y en ella vemos la dinámica de Hochmah (el 2º Séfira de el Árbol de la Vida). ¿Por qué de ellos serán los cielos? Porque en su estado evolutivo actual, el ser humano puede captar tan solo una pequeñísima parte de la sabiduría divina. Si, una vez en posesión de esa modesta parcela, ya se considera rico, se considera saciado de esa sabiduría y constituye con ella sus certidumbres, proclamando la verdad que esa parte del saber contiene, se estancará en ella y ya no le vendrán nuevas luces. 

Por el contrario, el que adopta una actitud humilde respecto a sus conocimientos, el que dice, como el filósofo griego: «yo solo sé que no sé nada«, el que se encuentra en situación hambrienta espiritualmente hablando, ese atraerá la sabiduría hacia sus vacíos internos y el cielo se manifestará en él. 

Jesús expresaba pues una norma con esa primera Bienaventuranza, que puede anunciarse de la siguiente manera: no deis jamás como definitivos los conocimientos que poseéis; no los toméis jamás como posesiones personales que engalanan vuestra personalidad humana, como las joyas adornan el cuello delas cortesanas. Haced que vuestra sabiduría sea como el caminante, que abandona fácilmente las ciudades por las que transita porque nada hay en ellas que lo retenga. 

El pobre lo comparte todo con más facilidad que el rico porque tiene poco que compartir y es más fácil desprenderse de un pedazo de pan que partir en dos un lingote de oro para dar la mitad al amigo. 

No dejéis que los conocimientos espirituales se acumulen en vuestro interior hasta crear una situación de riqueza, porque entonces os será difícil compartirlos y os sentiréis propietarios de aquello que poseéis y querréis sacarle un provecho, una renta. Os convertiréis así en ricos en espíritu y el cielo ya no entrará en vosotros. 

Si, por el contrario, vais compartiendo lo recibido, el Reino de los Cielos irá llenando vuestros vacíos internos y la sabiduría transitará por vuestra alma como una película que no tiene fin.

Así pues, para permanecer en estado de pobreza, tenéis que dar lo que recibís antes de que se acumule y forme un tesoro. Tenéis que prodigar la enseñanza, ir por el mundo y evangelizar.

A menudo, cuando estamos en el camino espiritual, sobre todo cuando ya hemos recorrido un tramo de esa senda, nos ataca el fantasma del orgullo, de la auto complacencia. Entonces, viendo que somos poseedores de un mensaje, nos cerramos en esa parcela y empezamos a repetirlo hasta la saciedad. El problema es que ese mensaje tiene fecha de caducidad y permanecer cerrados solo hará que nos aislemos de la fuente y dejemos de recibir su energía. Esto es lo que le ha sucedido a muchos gurús, que partiendo de un mensaje interesante y profundo, acaban enrocándose en temas irrisorios.

Ser pobre de espíritu significa abrirse a la sabiduría de Hochmah, esa fuente que mana conocimientos de forma continua y de la que todos podemos abastecernos. Es abrirse al amor incondicional.

En el próximo capítulo hablaremos de la segunda bienaventuranza

Kabaleb
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