Son también «pequeños» todos los que, socialmente, moralmente, intelectualmente, cualquiera que sea la forma en que se les considere, ocupan poco espacio, no se notan, no tienen voz ni voto.
Ya vimos, al estudiar los rostros sociales, que el servidor es el último de un ciclo. Por ello ese servidor debe reclamar toda nuestra atención, porque está a punto de entrar en un universo nuevo y, por consiguiente, como ocurre en cada final de etapa, su alma pasará por un juicio. El Ego Superior (o sea su propia divinidad interior) examinará lo que le ha aportado y decidirá si ha de repetir curso o no. En esa última hora de un ciclo que está viviendo, debemos asistirlo para enseñarle de forma acelerada lo que tal vez no aprendió en su deambular humano. Los demás, los grandes, los directivos, tienen aún tiempo para aprender su programa, pero ese, que después de ser grande se ha vuelto pequeño, ya no dispone de tiempo y ha de comparecer ante el alto tribunal.
Y en ese vasto mundo de los pequeños hermanos están todos los que no han podido emprender el vuelo porque sus alas se quemaron en los diversos avatares de la vida, y hoy se encuentran moralmente hundidos, desconectados, navegando con pena en el mundo de perdición, comiendo «desperdicios«, arrastrándose a trancas y a barrancas por su negra suerte. Si nuestros pensamientos y nuestros sentimientos van hacia ellos; si descendemos de nuestro pedestal para poner a su alcance el divino alimento, ello ha de resultarnos muy útil a la hora de la elección.
También son «pequeños» los animales y las plantas respecto a nosotros y por consiguiente, se tendrán en cuenta las atenciones que se les hayan prodigado desinteresadamente, no introduciéndolos en el medio humano para comérselos o para convertirlos en objeto de comercio. El animal aprende del hombre si está en contacto con él, y es bien notoria la diferencia entre el animal salvaje y el doméstico. También la planta «aprende«, aunque no se note, cuando crece en nuestros parques públicos o en nuestros jardines privados en vez de hacerlo de forma salvaje en la selva.
Nótese que cuando hablamos de tener atenciones con los animales, nos referimos a un amor despersonalizado hacia ellos, un amor que no resulte desairante para la especie humana. Si tratamos a un animal mejor de lo que tratamos a una persona, es que sentimos hacia él un amor personalizado y ello puede acarrearle problemas en una futura existencia.
Por último, los «pequeños hermanos» son también las tendencias nacientes en nosotros, que han de poder encontrar alimento adecuado en nuestro súper-poblado mundo interno. Ya nos hemos referido también a ese aspecto en diversas ocasiones para decir que las tendencias nacen y mueren en nuestra naturaleza interna, después de haber culminado en la psique, reinando en nosotros y estableciendo unas reglas, una conducta. Cuando una tendencia se corona, cuando reina en nuestra psique, siente inevitablemente la tentación de perpetuarse, deteniendo esa rueda de la fortuna que todos llevamos dentro y que produce una rotación de tendencias, levantando a unas hacia el poder y precipitando las otras al abismo. Para detener ese movimiento rotatorio, es preciso matar a las tendencias nacientes, exterminarlas como hiciera Herodes.
Quien de tal modo procede, se estanca en su evolución y su psique permanece en una fijación viciosa. Los «pequeños» deben ser alimentados por los «padres» que los generan, hasta su «mayoría de edad«. No es que el elegido pueda ser ese hombre diverso, que se mueve al azar de sus tendencias internas, pero es preciso que antes de alcanzar la etapa de la unidad, haya dado vida a los múltiples rostros de la divinidad, y que estos «pequeños» no se vean impedidos de vivir. Después vendrá la fase estéril de su vida; su naturaleza femenina se volverá menopáusica y ya no alumbrará nuevas tendencias. Nuestra población interna, estabilizada, irá pasando por las mismas experiencias e irá coincidiendo en su apreciación de las cosas; es decir, entrará en el camino de la unidad y tanto si el que reina es uno como si es otro, nuestra actitud no cambiará.
En el próximo capítulo hablaré de: cada manifestación humana