Interpretación esotérica de los Evangelios

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Capítulo 13

Cuando se hace de noche

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Se hizo de noche en el mar de la vida de los discípulos, dice la crónica sagrada, sin que Jesús se hubiese unido a ellos. Soplaba un gran viento y el mar se encrespaba. A la hora cuarta de la noche, vieron a Jesús andando hacia ellos por encima del agua. Todos fueron presos del espanto y dijeron: «¡Es un fantasma!”. (Juan VI, 19).

Se ha comentado, en los puntos anteriores que mientras no desaparezcan los envoltorios inferiores de nuestro cuerpo de deseos, la luz del Sol crístico no podrá brillar de forma permanente en nosotros y que viviremos alternativamente en fases de luz y de sombras, de día y de noche. Felices y cargados de problemas. Recordemos que las capas exteriores son las que cargan los excrementos emotivos que generamos a diario: odios, rabias, celos, envidias, críticas…

En este punto de la enseñanza se nos dice que, en plena noche, los apóstoles vieron a Jesús marchando por encima de las aguas, o sea, por encima de las emociones.

Las horas tercera y cuarta de la noche son aquellas en que las tinieblas son más densas. Corresponden, astrológicamente, al dominio del signo de Tauro, ya que, tal como hemos explicado en los capítulos de Astrología, los signos de Tierra constituyen la noche zodiacal. Capricornio rige las dos primeras horas, Tauro las dos siguientes y Virgo las dos horas que conducen al alba. 

Hemos visto también con anterioridad, que allí donde las tinieblas son más densas aparece la luz del Arco Iris. Es pues, en la hora cuarta de la noche cuando mejor se puede penetrar en ese mundo permanentemente iluminado que es el de deseos. En esa hora brilla en él la estrella Venus, regente del signo de Tauro, aportando la luz divina de la columna de la derecha al corazón (representado por Tiphereth) prisionero de las tinieblas.

Esto podría indicar que cuando estamos viviendo lo peor de una situación difícil, de un problema, entonces brilla el arco iris de la solución.

El episodio de ver a Jesús caminando por encima de las aguas, intenta decirnos que en los apóstoles se despertó de pronto la facultad de ver en su mundo interno, es decir, la facultad de la videncia. Aquello los asustó, como suele ocurrir con las personas en las cuales se despierta por primera vez tal facultad y tomaron su visión por una alucinación fantasmagórica. A menudo, cuando la gente realiza su primer viaje astral, es decir, un viaje consciente por el mundo de los Deseos, suele asustarse.

«No os asustéis, soy yo, les dijo Jesús. Pedro replicó: Señor, si eres tú, ordena que vaya hacia ti andando sobre las aguas. Ven, dijo el Maestro y Pedro salió de la barca para ir hacia Jesús, pero el viento era fuerte y tuvo miedo y, como empezara a hundirse, gritó ¡Sálvame, Señor! Inmediatamente, Jesús le tendió las manos, diciéndole: Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? Y ambos subieron a la barca y el viento cesó. Los que habían permanecido en ella le dijeron: «Tú eres verdaderamente el hijo de Dios«.(Juan VI, 20).

En el lenguaje esotérico, andar sobre las aguas, como ya hemos dicho, significa andar sobre las emociones, someterlas, dominarlas y como las emociones son emitidas por nuestro cuerpo de Deseos, la aparición de Jesús se producía en el mundo de deseos y fue allí donde lo vieron sus discípulos, después de haberse despertado en ellos, como decíamos, la facultad de videncia, de ver en otros planos.

La alegoría de Pedro queriendo imitar al Maestro ilustra de un modo exacto la trayectoria de la Iglesia que él fundó. Esa Iglesia ha intentado elevarse por encima del mar encrespado de las emociones humanas sin conseguirlo. Ha visto soplar con fuerza ese viento fuerte, que es la manifestación de las ideas del mundo profano, de las costumbres reinantes, inspiradoras de leyes y reglamentos. Pero esa Iglesia de Pedro, en lugar de gritar: «¡Señor, sálvame!», Ha preferido girarse a favor de ese viento. Ha ido admitiendo, poco a poco, el bien fundado en esas leyes, «adaptando» su doctrina a las convenciones y conveniencias sociales. Ha ido procediendo a un aplazamiento, a una puesta al día, como si las leyes cósmicas, concebidas por el actual periodo de manifestación, de las cuales la moral es su manifestación en el ámbito humano, fueran algo susceptible de cambiar con los años. 

En el relato evangélico Pedro fue salvado por Jesús, pero en la realidad histórica, Pedro ha naufragado en las aguas negras de esa noche en Tiberiades.

La letra Vav está representada en el Tarot por la lámina número seis, llamada el Enamorado. En ella aparece un joven, que representa el alma humana, solicitado por dos personajes, uno personificando al bien y el otro que representa al mal. La escena pone de manifiesto la indecisión del ser humano entre la luz y las sombras, entre seguir su camino hacia adelante o volverse hacia atrás, hacia las zonas seguras y confortables del pasado. En la astrología el Vav está representado por el signo de Escorpio, cuyos representantes están en permanente lucha contra sí mismos para decidir si avanzan o retroceden.

El cristianismo histórico encontró en ese pasado la seguridad que da el rito, cuando este adquiere formas tan excelsas como las ofrecidas para la religión de Jehovah, la practicada por los judíos. En ella, el ritual está lleno de simbolismos fascinantes, en los que el alma humana queda seducida fácilmente. Entonces, ante una enseñanza crística consistente en cambiar el comportamiento, resultaba mucho más cómodo tomar el rito de la religión antigua e incorporarlo a la nueva. 

Pero esa Iglesia de Pedro que no ha sabido andar sobre las aguas de las emociones, será salvada por el Señor y devuelta de nuevo al barco. Cuando esto ocurra, todo será distinto para ella y esa fe que no ha sabido elevarse será sustituida por el conocimiento del reino de Cristo.

En el próximo capítulo hablaré de: la búsqueda del milagro

Kabaleb
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