Interpretación esotérica de los Evangelios

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Capítulo 33

Estaba enfermo

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Estaba enfermo y me visitasteis, prosigue Jesús al desvelar el criterio que imperará para decidir cuales han de ser los elegidos.

A lo largo de esta enseñanza hemos dicho, y lo hemos repetido en diversos puntos, cuán importante es ocuparse de restablecer la salud en el enfermo. Ya que esa «visita» a que se refiere Cristo, no es la de ir al enfermo y decirle «hola, qué tal«, sino la de aportarle nuestra salud y nuestra vida.

Visitar al enfermo es rogar en vistas de su salud. La rogativa moviliza las legiones que trabajan arriba, en favor de la persona o personas para las que se solicita su curación, cuyos nombres deben ser pronunciados. En el universo hay dos tipos de fuerzas curativas: las que proceden de Hochmah que, como hemos dicho algunas veces, ejerce funciones de botiquín del universo, y las que proceden de los buenos deseos de los seres de la tierra, de aquellos que en lugar de utilizar su fuerza-deseo para conseguir bienes o complacencias personales, la proyectan al universo y forman así artificiales (masas de energía) de bondad, que derraman sus esencias sobre los demás para restablecerlos.

Esas dos fuerzas, tanto la providencial como la de procedencia humana, se encuentran al servicio del ser humano, y el ruego las desbloquea en favor de una persona determinada. El hecho de que la curación no se produzca de inmediato o que no se produzca nunca depende del propio enfermo, el cual se encuentra sometido a decretos kármicos que a veces no le permiten sanar, quizá porque la enfermedad es la única puerta abierta para la comprensión de algo que no ha podido asimilar de otra manera. 

La recuperación de la salud en una persona debe acompañarse del restablecimiento de la correcta visión de ciertas cosas y de un cambio en los ritmos emotivos que mueven su cuerpo de deseos. Si el enfermo no admite, consciente o inconscientemente, la necesidad de ese cambio, por mucho que se ruegue a su favor, para él las cosas seguirán igual. Pero las plegarias no habrán sido inútiles, porque una vez desbloqueada la fuerza curativa, esta irá a mejorar aquello que puede ser restablecido y otros enfermos, por los que nadie ha rogado, se curarán.

Ese es el tipo de visita al que el Cristo hace referencia, ya que en su forma social, que consiste en ir al hospital a llevarle al enfermo unos bombones, es la que se expresa en el más inferior de los peldaños del servicio, y es tan obvio que el enfermo debe ser visitado por los suyos, que ello no merece ser consignado en la enseñanza cristiana, porque todo el mundo lo hace o debería.

Estaba en la cárcel y vinisteis hacia mí, dice por último Jesús en esta secuencia.

Al comentar las Bienaventuranzas ya nos referimos a los prisioneros y a los perseguidos. Añadamos aquí todo lo que puede significar para el peregrino su acercamiento a Cristo prisionero en la cárcel de la banalidad, de la mediocridad, de las ideas estrechas, de la interpretación rígida de unas leyes que debieran ser liberadoras y que, por el contrario, encierran a la espiritualidad en una cárcel de la que es imposible salir.

Es preciso estar armado de un extraordinario valor para visitar a Cristo en esa cárcel en la que lo han encerrado los hábitos humanos, desafiando la barrera del estrecho «sentido común«, de las razones de orden práctico, de las conveniencias, de la opinión pública, y luego esa otra muralla, más sólida aún, del «cristianismo» social, representado por las iglesias llamadas cristianas y en las que Cristo aparece totalmente lapidado. Quienes, atravesando esos espesos muros lleguen hasta Él, habrán hecho méritos para figurar en las filas de los elegidos.

Cada vez que alguien viste sus pasiones con el nombre de Cristo o bendice pelotones de ejecución invocándole, está encerrando su imagen en una cárcel, lo está cubriendo de espesos muros que lo separan de este pueblo que vino a redimir. Pero quienes, desafiando el oprobio con que cubren su nombre los que dicen ser sus adictos, atraviesan esos muros de estulticia, de violencia, de crimen, y van a visitarlo, esos estarán a su derecha en el próximo Día.

En el próximo capítulo hablaré de: los que están a su izquierda

Kabaleb
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