Interpretación esotérica de los Evangelios

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Capítulo 9

Venus: la lujuria, placeres inmoderados

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La lujuria es un error venusiano, debido a la corrupción de Venus en la carta natal. Al igual que ocurre con la gula, otro error ligado a la columna de la Tolerancia (la de la derecha en el Árbol de la Vida), la lujuria, además del dominio sexual, extiende sus redes sobre todos los placeres inmoderados que se auto‑concede la persona. 

En el plano mental, un Venus inarmónico inocula al pensamiento una gran permisividad, desvirtuando el sentido de la moral y haciendo que todo le parezca plausible, la persona es incapaz de distinguir entre el bien y el mal (o sea entre aquello que es o no conforme a las leyes cósmicas), de forma que se ve en la imposibilidad de arrancar las malas hierbas que florecen libremente en su vida y puede apuntarse fácilmente a la corriente que propugna que el fin justifica los medios.

En el plano emotivo, que es el terreno en el que Venus actúa con mayor empuje, al acentuar el nivel de sensualidad, hace que el sexo realice funciones directrices, marginando otros criterios presentes en el alma. 

Así, bajo la acción de la lujuria, veremos que la persona sintoniza con gente que solo se adhieren a ese aspecto de su personalidad y que no poseen otras afinidades con ella. Como sea que la lujuria ama la diversidad, cualquier relación iniciada bajo su impronta, alcanzará enseguida su punto de saturación y la relación entrará pronto en crisis. 

Hoy en día, en un momento en que las personas ceden más fácilmente que antes a la llamada de la lujuria, vemos que las parejas formadas sobre la base de estas premisas venusianas, pronto se separan, dando lugar a una sociedad de miembros desligados, insolidaria, irresponsable, angustiada ante su propio porvenir, con un inconsciente culpabilizado que pide a gritos el castigo que le haga soportable su permisiva existencia. 

Tal vez no sea descabellado pensar que esa actitud podría no ser ajena a la actual fiebre catastrofista/apocalíptica que lleva a muchas personas a creer -como Asterix- que el cielo se va a derrumbar sobre sus cabezas y que el gran cataclismo les acecha.

La lujuria no se reduce pues a un aumento inmoderado del apetito sexual, sino que, cual pulpo, extiende sus amarras sobre las relaciones sociales, sellándolas con la marca de lo efímero.

En el terreno personal, el abuso de los placeres del sexo hace que las energías creadoras se pierdan por su polo negativo, privando a la mente del poder de procrear en los mundos superiores, puesto que los conductos que alimentan los órganos sexuales, comunican, a través de la columna vertebral, con el centro de percepción espiritual, y si la corriente vital se orienta descaradamente hacia abajo, arriba escasearán los fluidos para la creación. Lo mismo puede decirse si la persona se entrega en exceso a los placeres materiales.

La lujuria produce un progresivo oscurecimiento de la conciencia, de manera que el Ego Superior, el jefe interno, no consigue comunicar su saber a su contrapartida material, la cual deja de cumplir su programa profundo. La persona se ve entonces desasistida espiritualmente y vulnerable ante el más mínimo contratiempo que le depare la vida, siendo una firme candidata a la depresión y en casos extremos, al suicidio. 

En efecto, la solución de nuestros problemas está arriba, en la mente, lo que permite al ser humano conectarse con su propia esencia, con su divinidad interior. De ahí nos viene la lucidez que nos permite hallar el remedio justo para nuestros problemas. Si le arrebatamos a la mente las energías que le permitirían funcionar plenamente, con el fin de alimentar las necesidades más instintivas, es evidente que no daremos con las soluciones cuando las necesitemos. El lujurioso es un ser vulnerable, un ser que naufraga en la más pequeña tempestad y, por consiguiente, alguien con quien no se puede contar, que no puede ofrecer apoyo y solidaridad aunque quiera hacerlo.

Los efectos de la lujuria sobre una próxima vida se caracterizarán por una debilidad del cerebro, que no podrá realizar las funciones que le son propias, dado que en la vida anterior ha sido privado de sus fuentes naturales de alimentación. 

Según el grado de debilitamiento, puede dar distintos grados de retraso si el cerebro no se encuentra en condiciones de realizar sus funciones y abandona totalmente la dirección de la vida al cuerpo de deseos. 

Efectuaremos aquí una precisión semejante a la que concierne el apartado sobre la gula (y que, dicho sea de paso, es válida para los demás errores capitales), en el sentido que no todas las enfermedades mentales son debidas al exceso de lujuria en una vida anterior, pero sí resulta cierto en muchos casos. 

Desperdiciar de forma continuada la simiente ha sido considerado, en numerosas escuelas iniciáticas, como una ofensa al Creador, ya que equivale a dejar de lado el órgano que nos ha sido dado para crear, que es la mente, para trabajar en su lugar el órgano sexual. No para utilizarlo en su correcta función, que es la multiplicación de la vida, sino solo orientado exclusivamente al mundo de los sentidos. 

En el próximo capítulo hablaré de: Mercurio, la envidia

Kabaleb
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