Interpretación esotérica de los Evangelios

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Capítulo 1

Egipto, la tierra segura

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Nos cuenta Mateo que un ángel se le aparece en sueños a José par avisarle de la conveniencia de refugiarse en Egipto. Egipto representa el estado anterior. De allí partió el pueblo elegido para su gran aventura espiritual: es la tierra‑madre, la tierra nodriza, un lugar en el que se está en seguridad porque representa lo conquistado, la ciudad natal, la infancia, el pasado.

Ya hemos comentado algunas veces que la personalidad sagrada y la profana no deben confundirse, no deben actuar conjuntamente, porque la profana es más fuerte, está más arraigada y en la confrontación saldrá triunfante. Cuando la personalidad sagrada nace, debe retirarse a Egipto, esto es, debe crecer en un lugar en que no pueda verse perturbada por la otra personalidad.

¿Cómo se consigue esto? No mezclando las dos personalidades y dejando que, por un tiempo, Herodes siga reinando en nosotros mientras que Jesús, oculto a sus miradas, va adquiriendo fuerza. 

Es decir, a lo largo de la jornada, podemos reservar cinco minutos, diez, quince, a vivir en nuestra personalidad sagrada, la que un día ha de recibir a Cristo. Esto lo haremos en la soledad de una habitación, cuando nadie pueda vernos y a esto llamaremos estar en Egipto. Si nuestra casa no reuniera condiciones para aislarnos, se pueden utilizar los templos, preferentemente cuando se encuentran poco concurridos, y en ellos vivir y desarrollar la personalidad de ese niño divino.

En ese tiempo sagrado que se dedica al fortalecimiento del niño, las consideraciones profanas tienen que desaparecer y la persona debe obrar con el pensamiento, sentimiento y en sus actos como si fuera auténticamente un aspirante a la naturaleza divina, estudiando la ciencia de Dios, elevándose hasta Él por la plegaria y procurando realizar una obra que esté a su alcance y que pueda llevar realmente el nombre de obra santa. Ese tiempo sagrado, que puede al principio no ser más que algunos minutos diarios, deberá ir ampliándose en la medida de las posibilidades, esto es, siempre y cuando no perturbe los compromisos con la familia y la sociedad. 

Herodes es el que da alimento a los familiares y mientras Dios‑Providencia no le sustituya en estas funciones, Herodes debe seguir ejerciéndolas. Significa que las actividades de tipo espiritual nunca deben mermar las atenciones que le damos al trabajo, a nuestros familiares y a la gente que nos rodea. Se trata de generar armonía a nuestro alrededor y esta nunca puede ser impuesta.

Kabaleb
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