El mundo de abajo -Malkuth- es el campo de tiro en el que se realizan las pruebas. La personalidad emotiva siente apetencia por ese mundo, quiere conquistarlo, establecerse en él. Por el contrario, el Ego tal vez preferiría que todo ocurriese internamente, que las experiencias no tuvieran que realizarse en el mundo físico, movilizando para ello a una cantidad indeterminada de personas, a las que luego habrá que retribuir por los servicios prestados y la personalidad mortal se pasará años o vidas pagando nóminas a esos extras que necesitamos para demostrarnos cómo funcionan las cosas.
Pero mientras el corazón humano vive este tira y afloja entre la personalidad emotiva y la eterna, la una pugnando por la conquista del mundo físico, la otra por las experiencias internas, en coto cerrado, he aquí que aparece el traidor que se enchufa al centro solar mediante su beso y a través de sus canales, precipita los contenidos de Tiphereth-Sol al mundo material, convirtiendo lo que eran simples pulsiones, en imágenes que nuestra personalidad física protagoniza. De esta forma experimentamos, sin lugar a dudas, aquello que en nuestras estancias internas no aparecía claro.
Mientras la personalidad emotiva es dominante y cuando aún no se ha unificado con la voluntad del Ego, o sea mientras nuestro fuego y nuestra agua no trabajen conjuntamente, lo que el traidor canalizará hacia el mundo material, serán dificultades, avatares, sufrimientos y errores. Pero a medida que nuestras personalidades internas se unifiquen, la traición, al arrojar la armonía interna al exterior, ilumina y apacigua nuestro maltrecho mundo externo. Para facilitar la comprensión de este mecanismo, podemos poner el ejemplo del niño al que su padre le prohíbe tocar los enchufes: siempre tiene dos posibilidades: asimilar la luz que le proporciona su progenitor -experiencia interna- o bien, traicionarle activando a su judas interior y poner los dedos en el enchufe. Si lo hace, precipitará al mundo material los contenidos de su Tiphereth-sol para vivirlos en la realidad física, el resultado, se llevará una descarga eléctrica, será doloroso pero aleccionador.
Judas aparece aquí acompañado de una multitud armada con espadas y garrotes, enviada por los sacrificadores, los escribas, los fariseos, los ancianos del pueblo, representantes todos ellos de lo establecido.
En el Tarot, los Bastos o Bastones representan el Fuego y las Espadas el Aire. Ambos aquí están presentes y constituyen esa copa de la amargura que Jesús le pedía al Padre que, de ser posible, apartara de sus labios. Si le añadimos las treinta monedas que recibió Judas por su traición, encontraremos reunidos los cuatro elementos tal como aparecen en los arcanos menores del Tarot: los Bastos, las Copas, las Espadas y los Oros.
Sabemos que el Fuego es el Elemento primordial que, en su aspecto positivo, se manifiesta como voluntad creadora. El Aire es la otra polaridad de ese Fuego, y ya hemos comentado que en el Zodíaco, en el polo opuesto de los signos de Fuego: Aries, Leo, Sagitario, se encuentran los signos de Aire: Libra, Acuario, Géminis. En su aspecto positivo, el Aire se manifiesta como pensamiento. ¿Por qué en ese punto de la enseñanza nos encontramos al Fuego convertido en garrotes y al Aire transformado en espadas amenazadoras? Porque esas fuerzas creadoras, cuando no son utilizadas positivamente, se convierten en fuego que quema, en azote que nos cae encima como un garrotazo. Y el Aire, que es pensamiento, lógica, razón, cuando se desperdicia, se convierte en espada, en arma de enfrentamiento, en discusión y disputa.
En el próximo capítulo hablaré de: absorber malas energías