Interpretación esotérica de los Evangelios

0 de 427 lecciones completas (0%)

Capítulo 37

Personalizar el tono

No tienes acceso a esta lección

Por favor, inscríbete o accede para acceder al contenido del curso.

El ocupante que pertenece al linaje divino también puede personalizar su tono. Su interés no es que vayamos hacia abajo, sino hacia arriba, y si el de abajo se ve felicitado por precipitar las almas hacia las sombras, el de arriba sube de graduación si entrega sus ocupados a la potencia inmediata superior.

Todo el arte de esas fuerzas consiste en que, respetando el libre albedrío de los ocupados, consigan impulsarlos hacia arriba. ¿Cómo actúan para lograrlo? Sería precisa toda una novela para describir sus trabajos. Ya hemos visto, en estos estudios, cómo las fuerzas divinas actúan en el mundo humano en distintas horas de la jornada. Hemos visto cómo los nueve coros angélicos, al servicio de los distintos Sefirot, nos proveen de voluntad, de amor-sabiduría-circunstancias, de inteligencia que revela el misterio, etc. Los ocupantes disponen diariamente de esos servicios, activos a todos los niveles del universo y pueden acumular en un momento dado este o aquel ingrediente cósmico, produciendo en nosotros un aumento de la sensibilidad hacia un producto determinado. 

Ellos pueden, por interés personal, propiciar nuestra voluntad o crear las circunstancias que han de inducirnos a que nuestra vida transcurra por unos cauces determinados. La elaboración de nuestro programa humano será tanto más precisa en cuanto que el ocupante interno utilice ingredientes divinos más estructurados, como son los de Netzah, Hod y Yesod. Entonces aparecerá en nosotros un deseo tan elaborado que lo más fácil es seguirlo, o una idea tan precisa que lo más lógico es darle vida, o estaremos ante una circunstancia que deberemos ineludiblemente vivir y darle un trámite determinado. 

Del mismo modo que el buen alumno suscita el interés de su maestro y recibe de él un trato especial, que puede ir hasta dedicarle tiempo fuera del aula, también en la relación con las fuerzas de arriba se establecen lazos de simpatía, de modo que para el alumno distraído, la relación será impersonal y se limitará a utilizar las fuerzas a su disposición, pero para el alumno aplicado el trato será distinto.

¿Cuáles son los criterios para determinar si somos o no aplicados en la utilización de las enseñanzas que nos vienen de arriba? Podemos observarlo en la utilización diaria de los potenciales que la vida pone a nuestra disposición. Diariamente nos pasan cosas. Se nos ocurren ideas, transitan por nosotros determinados sentimientos, recibimos proposiciones concretas de las gentes de alrededor, aparecen ambiciones, proyectos, designios, esperanzas, anhelos que afloran por primera vez y propósitos que ya son viejos, elaborados, que se han convertido en circunstancias ¿Cuál va a ser nuestra respuesta ante esos impulsos? ¿Vamos a decir que no estamos en casa cuando nos llaman por teléfono? ¿Vamos a anteponer nuestra organización rutinaria de la vida al propósito que aflora en nosotros o que viene del exterior? En la medida en que el orden rutinario prevalezca en nuestra vida, seremos el alumno distraído que utiliza el mínimo vital de las fuerzas que ocupan sus moradas internas.

Por el contrario, si nuestra respuesta es positiva, si acudimos a las llamadas, si sabemos discernir en ellas lo que puede beneficiarnos o perjudicarnos, para apoyar lo uno y rechazar lo otro, seremos esos alumnos aplicados para los cuales el maestro realiza horas extra en la dedicación de la enseñanza.

Por consiguiente, debemos manifestar un interés por todo lo que aparece en nuestra vida, a cualquier nivel en que se manifieste. Si nos cuesta discernir, si dudamos de la conveniencia de una experiencia determinada, conviene aproximarla a nuestra vida material para que vaya manifestándose con mayor nitidez. Si es un designio, un propósito vago, debemos interiorizarlo en nuestros sentimientos y ver qué efecto produce en ellos. Si los sentimientos no lo rechazan, pero tampoco acaban de aceptarlo, es preciso instituirlo en la realidad de nuestra vida y verlo funcionar en el mundo físico. Entonces se patentizará su carácter beneficioso o perjudicial. Ese es el despliegue natural de todo designio. Existe la vía interna, a la que nos hemos referido abundantemente en los capítulos anteriores, y que consiste en vivir las experiencias sin necesidad de que se conviertan en realidad material.

Por todo lo dicho, la visión del mundo que el ser humano tiene, no puede ser unitaria, pero considerando que los programas de las fuerzas ocupantes de nuestras moradas internas son los mismos, a medida que vamos avanzando en esta enseñanza, acabaremos viéndolo todo de igual manera, de modo que estaremos avanzando hacia esa visión unitaria de la obra divina.

Por ello es inútil intentar convencer de que la organización divina es de una manera u otra a los que no disponen internamente de las fuerzas que han de permitirles acceder a esa visión. Lo único que podemos hacer es revelar a los que sí poseen esas fuerzas las modalidades de su actuación, realizando funciones de circunstancias para ellos, o sea convirtiéndonos en los instrumentos de sus fuerzas internas, en el material utilizado por ellos para la manifestación de su verdad.

Siendo sus instrumentos, los que se elevan a la visión de estas cosas elevarán a su vez a los que se encuentran en niveles inmediatos inferiores, gracias a esa vasta cadena de unión que funciona en el universo, atándolo todo. Ya vimos al estudiar las letras hebraicas, que algunas sirven de bisagra para unir dos ciclos, este es el caso del Daleth, del Heith, del Lamed y del Ayn. También entre las fuerzas espirituales que nos ocupan se encuentran los elementos bisagra que articulan el paso de un estadio al siguiente.

Así se comprende la respuesta de Jesús a Judas Alfeo, de que se manifestaría en ellos, pero no al mundo. Padre e Hijo harán su morada en quienes guarden su palabra y su amor, estando en los más bajos niveles del mundo material, en las esplendorosas tinieblas de Tauro-Noun, ya que no nos hemos movido de esa tierra. Conviene recordarlo, porque el amor que se manifiesta hacia Cristo antes de haber alcanzado los niveles materiales no entra en esa promesa de hacer morada. Es un amor que tiene que ser probado en la estancia Noun. Si viviendo en la abundancia y la plenitud material sigue manifestándose, entonces Padre e Hijo establecerán morada en nosotros.

En el próximo capítulo hablaré de: Hacer morada

Kabaleb
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.