Interpretación esotérica de los Evangelios

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Capítulo 7

Urano, la piel, el amor

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La lepra era considerada entonces como la más terrible de las enfermedades. En nuestros días, la lepra se encuentra en regresión y su forma de manifestación es más benigna que antes y además sabemos que no se contagia. Es una enfermedad de la piel. La piel se encuentra bajo el dominio de Hochmah, el centro 2 del Árbol y el primero de los Sefirot que posee un rostro físico, conocido con el nombre de Urano (su planeta regente) y, por consiguiente rige lo primero que se apercibe en nosotros, la piel, la cual nos personifica y nos da una apariencia. 

La lepra es pues una enfermedad de Urano, debida a la mala utilización de la sabiduría divina puesta a nuestra disposición. La persona que padece la lepra, no ha sabido emplear adecuadamente (en otra vida, generalmente) esa fuerza llamada Amor, la ha despreciado, la ha envilecido, y por ello ahora, al retornar al mundo, se ha encontrado con que esa corriente cósmica que había envilecido, no actúa como debería actuar y su piel no realiza las funciones que cabe esperar de ella.

El remedio supremo para ese mal es acercarse al amor del que han huido y en ese pasaje de los Evangelios se explica precisamente eso, diciendo que el leproso se acercó a Cristo y postrándose ante él le dijo: «Si tú quieres puedes volverme puro«. El Amor siempre quiere volver puras a las criaturas para las cuales trabaja, y Cristo, que es el representante humano de ese Amor cósmico, solo puede responder: “sí, quiero”. Volver al amor es el problema de los leprosos y el de todos los que sufren, en grados diversos, enfermedades de la piel, y esa es precisamente la dificultad que los leprosos encuentran, porque la sociedad los rechaza. 

Hoy en día, los médicos que se ocupan de leprosos, no se cansan de repetir que la lepra no es contagiosa y que en las leproserías no se ha dado ningún caso de contagio entre el personal tratante. Muchas otras enfermedades son más contagiosas que la lepra, y la sociedad acepta a esos enfermos, sin embargo el prejuicio contra los leprosos es muy fuerte. La explicación se encuentra en el proceso constitutivo de la enfermedad, tal como acabamos de reseñarlo: habiendo sido el error de los leprosos su falta de amor, se encuentran ahora en una situación en la que ellos tampoco disponen del amor que las demás criaturas deberían darles y ven así como sus propias familias los rechazan y escriben a las leproserías en que se encuentran – como lo reveló un programa de TV – para suplicar que no les dejen salir, que los retengan donde están, y aún después de curados no se fían y siguen rechazándoles como si su enfermedad pasada fuera una mancha permanente e imborrable. 

Actualmente existe una enfermedad que causa un rechazo parecido: el SIDA, que podríamos casi calificar de lepra moderna, ya que la gente huye de los afectados como de la peste. Derribar el muro del temor que inspiran es el gran problema del enfermo de lepra y de SIDA. Y el antídoto universal es dar amor y hablamos, evidentemente de amor desinteresado, de amor por el género humano, de amor sin fronteras y sin credos, de amor crístico.

Por otro lado, Urano, como hemos dicho, el planeta con el que están relacionadas las enfermedades de la piel, es el encargado de mostrarnos la diferencia entre la luz y la oscuridad. Dicho de otro modo, lo que es correcto y lo que no lo es. 

Para desprendernos de lo que nos sobra, Urano nos empuja a realizar cambios. Así, podemos entender que cuando tenemos una enfermedad de la piel, debemos predisponernos a realizar los cambios que sean necesarios para dejar atrás los reproches y centrarnos en dar y recibir amor. De este modo estaremos siguiendo las directrices uranianas.

Antiguamente, cuando los leprosos se acercaban a las ciudades, la gente los apedreaba para mantenerlos a raya. En la dinámica de ese gesto cruel encontramos simbólicamente el remedio que ha de curar al leproso: está en la piedra que los desalmados le lanzan. Esa piedra es una creación de Binah, el Séfira que construye las formas materiales y el que sucede a Hochmah en la elaboración del universo. Binah es la que pone manos a la obra para edificar el mundo con la corriente que procede de Hochmah, con el amor y eso es precisamente lo que el leproso, en una anterior vida, no quiso hacer, poner manos a la obra y realizar su tarea humana a nivel primordial, es decir, esa tarea que consiste en prestar atención a los seres que nos rodean, en proyectar hacía ellos nuestra corriente de amor para que puedan edificar su personalidad moral, intelectual, sentimental, para que toda su psique adquiera firmeza. Esto no lo han hecho y por ello ahora están enfermos. 

Podemos decir pues, que la lepra se debe a una cierta pereza e inhibición ante las necesidades de los demás: una pereza a prestar socorro, a ser de utilidad cuando se nos requiere o cuando creemos que podemos serlo.

La lepra está en regresión, decíamos pero no sería imposible que esa enfermedad volviera a aparecer en los tiempos venideros, porque nuestra sociedad vuelve al galope a la indiferencia y la falta de amor, y cuando un accidentado, por ejemplo, se desangra en la carretera, ve los coches pasar ante él, indiferentes, pensando los conductores en las manchas de sangre que podrían caer sobre sus asientos si le salvaran la vida transportándolo. Esa actitud es pura lepra potencial, y cuando vuelvan a vivir, a esas gentes les extrañará ver cómo sus semejantes los rechazan y los recluyen en leproserías o en centros especializados.

No obstante, se está generando una corriente de gente (una masa crítica) dispuesta a dar y recibir Amor y, en una próxima ronda vital, ese Amor se encontrará cerca, al alcance del ser humano que lo necesita, para purificarlo de todas sus lacras.

En el próximo capítulo hablaré de: graduar tu luz

Kabaleb
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