Pero lo que Simón el Cireneo representa en la pasión de Cristo es algo muy reconfortante para la divinidad. Su aparición fue para Cristo la prueba de que sus enseñanzas no habían caído en el vacío, y que llegaría un día en que toda la humanidad, tal como Simón lo hacia en aquel momento, llevaría su cruz.
Del mismo modo que el maestro que explica una lección no sabe cómo la han asimilado sus alumnos hasta tener pruebas fehacientes de ello, tampoco la divinidad sabe cómo el ser humano acogerá sus programas hasta comprobarlo en la realidad. Pero antes de que esa realidad sea patente para todos, aparece inscrita en los símbolos, que son los precursores de algo que aún no tiene consistencia. El símbolo es como esos sondeos que realizan los futurólogos, anunciando una realidad en formación.
El hecho de que un hombre del pueblo, venido de lejos, es decir, no siendo uno de los que lo han seguido, de los impregnados de su enseñanza, sea requerido por los soldados para llevar su cruz y que él se avenga voluntariamente, significa, traducido en palabras: un día, el mismo orden civil, el que ahora se levanta contra ti, será el que busque a los hombres de fuera de tu mundo para que lleven esta cruz que en tu itinerario humano has ido levantando.
En su despliegue histórico hemos visto, efectivamente, como los soldados han obligado a los hombres del pueblo a llevar la cruz, y a veces hasta les han dado muerte si han creído que no querían llevarla. Naturalmente, esta es la copia perversa de algo que se está gestando en lo secreto de la naturaleza humana. En nuestro interior es donde aparecerán un día los soldados que requerirán a ese Simón que viene de fuera -de fuera del Reino preconizado por Cristo- y que aceptará voluntariamente llevar todo lo que sabe, todo lo que ha aprendido, al monte del sacrificio para que se beneficien de su saber experimental todos los seres humanos.
Detrás de Simón el Cireneo estamos todos. Y si ahora somos todavía los que flagelan la parte del Ego Superior que representa el amor y nos identificamos preferentemente con la ley, la ciencia, la razón y todos los derivados de Jehovah-Binah, día vendrá en que estaremos al lado de Hochmah-Cristo y nuestro yo material llevará la cruz del yo espiritual, para que pueda descansar en nosotros y haremos, en su lugar, el trabajo que él tendría que haber realizado.
En el próximo capítulo hablaré de: no lloréis por mí