Un axioma esotérico dice: «Hay que dar de comer a los perros«, designando con el nombre de perros a los Luciferianos que habitan en las regiones inferiores del Mundo de los Deseos. Hemos tocado ya este tema (en el Capítulo 14). Decíamos allí que no debe utilizarse el alimento destinado a los impulsos sublimes para nutrir a los perros. Estudiemos ahora esta cuestión desde la vertiente contraria, o sea, desde la perspectiva de esos perros privados de comida.
En primer lugar, es muy importante que los perros dispongan de un espacio en el que poder vivir. Por ello en las catedrales y en las antiguas casas señoriales, ya lo hemos dicho alguna vez, el constructor abría pozos, no para buscar un agua inexistente, sino para que pudieran alojarse en ellos los perros, ya que si no disponían de aposento, subían al altar y se comían los manjares espirituales que allí se cocinaban. En nosotros mismos debemos abrir esos pozos, de manera que lo superior y lo inferior no vivan mezclados. Una vez acondicionadas las fuerzas en sus receptáculos respectivos, es preciso que demos a cada uno el alimento adecuado.
Ya hemos visto en el curso de estos estudios que si una determinada tendencia no es alimentada, se muere, pero antes de morir, la fuerza que la representa librará una batalla desesperada para conseguir ese alimento. Para evitar esa guerra del mal contra el bien, será preciso que procedamos con sumo arte en la administración de los alimentos.
Es decir, si en nosotros existen fuerzas inferiores, y en nuestro presente estado evolutivo nadie puede vanagloriarse de no poseerlas, esas fuerzas deben recibir el alimento adecuado. Esto significa ofrecerles un campo de actuación en el que su «talento» pueda ejercerse, o sea, un tiempo diario en el que esos perros puedan pasear y comer.
En términos concretos, diremos que si lo inferior no puede ser eliminado de nuestra naturaleza, tratemos de organizar su manifestación lúcidamente, de manera que en todo momento podamos decir: «ahora me estoy comportando de una manera inferior, estoy en el pozo, en los sótanos de mí mismo, pero después subiré a la azotea y todo será distinto«.
Si controlamos el tiempo de expresión de lo inferior, si le vamos poniendo distancia y barreras entre su mundo y el otro, lo iremos debilitando. Si rezamos a lo superior para que derrame su luz sobre los Luciferianos y pactamos con ellos su reinserción a su oleada de vida angélica, un día esas fuerzas inferiores consentirán en abandonarnos sin declarar una guerra.
Lo importante es conseguir que ambos mundos no se mezclen y debemos proceder al rescate de lo superior de manera progresiva, comenzando los trabajos al amanecer.
Como ya sabéis, de la salida del Sol al mediodía actúan los tres coros de ángeles que conocemos con el nombre de Serafines, Querubines y Tronos, los cuales están al servicio de los tres Sefirot primordiales, Kether, Hochmah y Binah. Por consiguiente la mañana debe ser consagrada exclusivamente a la actuación de las fuerzas sublimes que hay en nosotros, y el primer trabajo del discípulo debe consistir en arrojar lo inferior a sus pozos, si es que se manifiesta a esas horas.
Empezaremos pues excluyendo a los Luciferianos de las dos primeras horas de luz solar, porque en ellas nos es suministrado ese precioso alimento que se llama voluntad, y si lo damos a comer a los Luciferianos, estarán recibiendo un auténtico elixir de vida que los inmortalizará. En esas horas nos alejaremos pues de todo propósito inmundo, arrojaremos los pensamientos egoístas y los deseos impuros, reservando el plato de la voluntad para alimento de lo más elevado que haya en nosotros.
En las dos horas siguientes los Querubines ponen a nuestra disposición el amor-sabiduría, manjar tan delicado como el anterior y si lo damos a las gentes de abajo, también los estaremos inmortalizando y contribuyendo a nuestra propia intoxicación, porque si los rebozamos de amor sabiduría, ellos a su vez nos la administrarán envuelta en su propia esencia, que es todo lo contrario de esa alta virtud.
En las dos horas siguientes, los tronos llenan nuestros depósitos de esa inteligencia que ha de enseñarnos el arte de combinar todas las cosas y convertirnos en creadores. Si se la damos a comer a los Luciferianos, la introducirán en sus programas y se nos aparecerán entonces tan sumamente inteligentes, que nos diremos que sería un error separarnos de ellos.
Es un trabajo gigantesco el que estamos proponiendo, puesto que en la organización actual de la sociedad, se trabaja por las mañanas, y ese trabajo asalariado obliga casi siempre a la persona a comportarse según la dinámica de las fuerzas inferiores, que se aprovisionan así del manjar destinado a las superiores.
Por ello la voluntad de no mezclar ambos mundos, debe manifestarse en como una emanación, como un firme propósito de ordenar las fuerzas internas. Si este propósito es repetido todas las mañanas, acabará «bajando» a su mundo emotivo, después se instituirá internamente y al final se materializará y la separación de fuerzas será una realidad.
Si nuestro trabajo material, el que nos da sustento, nos obliga a actuar en contra de las reglas divinas, conservemos por lo menos la pureza en nuestros pensamientos y en nuestros sentimientos.
A partir del mediodía y hasta la puesta del Sol, dividiendo ese espacio de tiempo por tres, tendremos el tiempo exacto en dominio de los ángeles llamados Dominaciones, Potencias y Virtudes, coros relacionados con Hesed, Gueburah y Tiphereth, actuando sobre nuestros deseos. Debemos procurar igualmente que mientras rijan los de Hesed, sean nuestros deseos sublimes los que coman, apartando a los de abajo de esa fuente de aprovisionamiento.
Alrededor de las dos de la tarde, hora solar, entran en servicio las potencias de Gueburah y este será un momento adecuado para dar de comer a los perros. Procuremos entonces darles las migajas y no un auténtico festín. Démosles justo el alimento para que no vayan a robarlo.
Ya sabéis que los Luciferianos tienen su sede en Gueburah, es decir, trabajan con las energías inferiores procedentes de Marte, y es en Gueburah que se entra en la guarida de los «ladrones«.
En los cuentos árabes de LasMil y una Noche, de inspiración esotérica, encontramos uno que lleva por titulo «Alí Babá y los Cuarenta Ladrones«. Si contáis los genios que van desde el primero de las potencias hasta el último de los ángeles de Yesod, encontraréis que son cuarenta. Ya sabéis que cada genio tiene su contrafigura inferior, resultante de los malos usos de las energías que cada uno de ellos ha puesto a nuestra disposición. Los rostros perversos de esos cuarenta genios están vitalizados por los Luciferianos y cuando se unen para mandar, constituyen una peligrosa banda que solo desaparece mediante cuarenta horas o cuarenta días de ayuno ritual.
En las dos últimas horas de luz solar los perros deben ser expulsados y el Ego Superior debe reinar de nuevo en nuestras vidas.
Con las primeras sombras entran en funciones los Principados, los Arcángeles y los Ángeles. En este periodo del día las fuerzas negativas se encuentran muy agitadas, porque sienten la llegada de su reino, que es el de la plena noche. Será entonces difícil mantenerlos a raya y solo si por la mañana la voluntad y el amor han sido reservados a las fuerzas superiores, conseguiremos no instituir lo torcido. En esas horas del día es cuando, más que en cualquier otra, nuestra vida se encauza, se establecen unas relaciones que serán portadoras de luz o de tinieblas. Las manifestaciones sociales, políticas, las citas de amor o de odio, tienen lugar a esas horas y debemos ejercer una severa vigilancia para que no sean los perros quienes nos dicten la política a seguir.
Suena por fin la medianoche y con ella las jerarquías espirituales se retiran del mundo, dejando la tierra al cuidado de los Luciferianos, que son los administradores de las sombras. Por ello es conveniente que en esta hora estemos durmiendo. Dice la tradición que en el momento en que en cualquier punto de la tierra es medianoche, Dios baja al jardín de los justos para dar su beatitud a quienes se encuentran allí. Ese jardín de los justos se sitúa en las regiones superiores del Mundo de Deseos y es allí donde debemos ir, después de haber dejado nuestro cuerpo físico durmiendo.
Desde la medianoche hasta el amanecer campan por la tierra los poderes de las tinieblas, llenando a tope los vacíos tenebrosos que pueda haber en cada ser humano. Si hemos estado consumiendo ira, odio, envidia, rencor, lujuria, si hay en nosotros sed de mal y nos hemos quedado con los depósitos vacíos, los espíritus tenebrosos nos llenan a tope para que dispongamos de fuerzas con las que efectuar estos siniestros propósitos. Por ello la noche es propicia a toda clase de crímenes y lo mejor que podemos hacer en ella es dormir.
Es la hora de los ladrones que nos despojan de nuestras buenas cualidades, nos cargan de azotes, ya que auténticos azotes son para nuestras almas esos impulsos energéticos que nos ponen dentro y nos dejan maltrechos a la orilla del camino por el que vemos pasar de largo, indiferentes, a nuestras tendencias superiores, que hemos menospreciado al actuar perversamente. Allí esperaremos al samaritano compasivo que nos alce a su montura. Ese samaritano aparecerá si hemos desarrollado en nosotros la virtud de la compasión, si ha crecido en nuestra naturaleza la flor de la piedad.
Tabla de regencia de los Ángeles con sus de horarios a partir de la salida del Sol
HORARIOS | FUERZAS |
DE 0 A 2 | SERAFINES DE KETHER |
DE 2 A 4 | QUERUBINES DE HOCHMAH |
DE 4 A 6 | TRONOS DE BINAH |
DE 6 A 8 | DOMINACIONES DE HESED |
DE 8 A 10 | POTENCIAS DE GUEBURAH |
DE 10 A 12 | VIRTUDES DE TIPHERETH |
DE 12 A 14 | PRINCIPADOS DE NETZAH |
DE 14 A 16 | ARCÁNGELES DE HOD |
DE 16 A 18 | ÁNGELES DE YESOD |
DE 18 A 24 | LUCIFERIANOS |
En el próximo capítulo hablaré de: los ungüentos de María