Interpretación esotérica de los Evangelios

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Capítulo 45

El ser de evolución media

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El ser de evolución media se identifica con una serie de actitudes que lo caracterizan, y piensa: “Yo soy un tipo a quien le gusta el fútbol, el vino de Jerez, las mujeres; soy de izquierdas, me interesa tal o cual actividad etc.”. Y así todo un repertorio más o menos amplio de actitudes que reconoce como propias. Si un día es robado, es maltratado o se ve sometido a un tirano, esa persona no suele reconocer que ella misma haya podido generar con anterioridad la aparición de estos personajes, sino que, al contrario, los ve como a enemigos, ajenos a sí. 

Sin embargo, la Cábala nos enseña que lo que aparece en nuestra vida en forma de circunstancias es algo que anteriormente hemos plantado en nuestro jardín y que, por lo tanto, el adversario, el enemigo, es una expresión de nuestro propio yo. Un yo antiguo, que tal vez ya hemos abandonado, pero esa antigua cosecha nos pertenece y debemos cargar con ella. Entonces, si el ladrón nos dice: “Tú y yo vamos a ser amigos”, conviene que ejecutemos esa voluntad, o sea que plantemos en nuestra cabeza esa corona de espinas.

Podríamos citar como ejemplo el caso de una banda de terroristas, que después de haber extorsionado a muchas personas y matado a algunos rehenes, fueron detenidos por la policía. Entre ellos se encontraba un hombre que no tenía talante de terrorista y cuando lo interrogaron sobre su implicación en la banda, vino a decir: “No sé como me metí en esto, pero siendo ya uno de ellos, me di cuenta de que los secuestrados se sentían muy solos, porque nadie les hablaba, y esa soledad aumentaba mucho su terror. Mis compañeros no querían hablarles para que no se les reconociera la voz, pero a mí se me da muy bien el disfrazar la voz, de modo que me propuse hablarles y así permitirles conservar la esperanza. Hablábamos de lo que sucedía en el mundo, de negocios, de deportes, y creo que ellos tenían la sensación de encontrarse entre hombres muy semejantes a ellos mismos, y capaces de dejarles en libertad aunque el rescate no se pagara. Jugué con ellos muchas partidas de parchís y a mí no me gustaba el parchís. Quizás fue por esto que me metí en la banda”.

Esta anécdota ilustra la forma en que a veces la vida puede llevarnos a hacer cosas totalmente contrarias a nuestra naturaleza, pero aún haciéndolas podemos seguir siendo lo que realmente somos. En esa hora final hemos de estar dispuestos a cualquier cosa y, sobre todo, dispuestos a reconocer en el otro, no ya al hermano con el que establecer una complicidad, sino a una parte perdida de nuestro yo a la que tenemos que rescatar.

Si, llegando esa hora, alguien viene y nos dice: “¿Por qué no hacemos este trayecto juntos?” Hagámoslo. Pongamos nuestra voluntad al servicio de su voluntad. Hagámoslo así porque en esa hora ya no hay objetivos personales, ya no hay modelos de vida que impulsan a luchar para realizarlos. Lo único que cuenta es la voluntad del Padre y si, sin suscitarlo, aparece una persona que nos invita a compartir un amor, una amistad o una ilusión cualquiera, abandonémonos a su voluntad y, haciéndolo, ceñiremos la corona de espinas que a todos nos espera al aproximarnos al final de la Obra.

Suscitar la burla es otro de los trabajos que nos reserva esta hora. Después de haber enseñado a quienes se mostraron receptivos ante estas enseñanzas, vayamos a los ambientes en que estos temas suenan a chino, en los que nadie nos entiende y hablemos de manera que quienes nos oigan puedan reírse y burlarse de nosotros. Ocurre con mucha frecuencia que quienes no entienden de estos temas no puedan evitar reírse de ellos. Vayamos pues a hablarles de encarnaciones, de coros angélicos, de genios, de días de la Creación y suscitemos su burla, con la seguridad de que los estaremos aproximando al conocimiento por una de sus puertas inferiores. 

Si, para facilitar aún más su burla, tenemos que vestirnos con túnicas y hábitos sagrados, hagámoslo, y los que hoy se burlan de nosotros, los encontraremos mañana en las aulas donde se estudia la trascendencia.

Estos soldados que se burlan, han sido antes nuestros soldados, los que han establecido en el mundo, el dolor que nuestras acciones al servicio del usurpador han provocado. Ahora, cuando han pasado al servicio de los demás y son los ejecutores de nuestro tormento, nos toca soportar pasivamente el sufrimiento que nos infringen.

En el próximo capítulo hablaré de: la inocencia de Pilato

Kabaleb
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