Interpretación esotérica de los Evangelios

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Capítulo 40

Hacia la verdad completa

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Muchas cosas tengo aún que deciros, más no podéis llevarlas ahora. Pero cuando viniere aquél, el espíritu de verdad, os guiará hacia la verdad completa, porque no hablará de sí mismo, sino que hablará de lo que oyere y os comunicará las cosas venideras. Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo dará a conocer. Todo cuanto tiene el Padre es mío; por esto os he dicho que tomará de lo mío y os lo dará a conocer”. (Juan XVI, 12-15).

Aquí vemos a Jesús habitado por una impaciencia reveladora. Si se dejara llevar por ella, diría a sus discípulos muchas más cosas, pero, ¿de qué iba a servir si no les cabrían en sus alforjas humanas; si no iban a poder llevárselas? Todo tiene que venir a su hora y por mucho que se desvelen misterios cósmicos, si el receptor no tiene capacidad para entenderlos, seguirán siendo misterios.

En esa etapa del camino, el discípulo solo puede comprender lo que penetra por sus sentidos. En efecto, en la estancia Ayn, que estamos estudiando desde el capítulo anterior, el peregrino se construye los órganos de percepción internos que han de permitirle ver, oír, oler, tocar y saborear en el Mundo de los Deseos.

Si colocamos en el Árbol el Ayn – cuyo número de orden es el dieciséis – veremos que está regido por Netzah-Venus en su segundo ciclo, el correspondiente a los trabajos en el Mundo de Creaciones, que es el del Agua, de los sentimientos. Ya vimos al estudiar los cuatro éteres en “Los Misterios de la Obra Divina”, que Venus rige el éter luminoso, el cual da vida a los cinco sentidos. Así diremos que el trabajo en esta etapa consiste en organizar los cinco sentidos de modo que con ellos se pueda percibir el Mundo de Creaciones o de Deseos.

Con esto entenderemos mejor lo que decía Jesús, referente a la exclusión de las sinagogas y a su muerte. Ya hemos visto que la sinagoga es una alegoría del mundo material en el que estamos viviendo; un mundo que existe porque nosotros le damos vida al contemplarlo con los ojos, al escuchar sus ruidos, al percibir sus olores, al poderlo tocar y saborear. Ese mundo dejaría de existir para nosotros si nuestros sentidos dejaran de ejercer sus funciones, y eso es precisamente lo que ocurre en la etapa Ayn, cuando Netzah-Venus conecta nuestros sentidos con el Mundo de los Deseos. Al poder disfrutar de las maravillas de ese mundo, la sinagoga física deja de interesarnos y siendo lo exterior una proyección de nuestra dinámica interna, aparece en nuestra vida alguien con un decreto de expulsión.

Ese desinterés por la sinagoga material equivale a una muerte anímica en ese mundo. Dejamos de interesarnos por él y, por consiguiente, podemos decir que morimos en él y que consideramos que con esa muerte rendimos un culto a Dios. Si esto ocurre en nuestro interior ¿nos extrañaremos mucho si aparece alguien con la pretensión de matarnos creyendo que al hacerlo rinde un culto a su Dios?

En el próximo capítulo hablaré de: La experiencia necesaria

Kabaleb
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