Las enseñanzas esotéricas nos explican que las parejas que se negaban a tener hijos encontraban grandes dificultades para reencarnarse.
Algo parecido ocurre con los que, habiendo dispuesto de conocimientos intelectuales para realizar una obra determinada, no la han hecho y han preferido permanecer estériles en lo que se refiere a la actividad espiritual. Cuando el átomo-germen de su cuerpo mental se presente en el Mundo del Pensamiento para constituirse un futuro cuerpo mental, no encontrará en él los materiales que necesita para su proceso evolutivo.
Las jerarquías que trabajan en esa esfera van en busca de los átomos de materia mental que el futuro encarnante necesita. Esos átomos son entidades vivas, no materia mental muerta; es decir, son fuerzas espirituales que, aún no teniendo una conciencia personal se encuentran sensibilizadas de una determinada manera.
Por lo general, esos átomos mentales ya han formado parte de nuestro cuerpo mental en pasadas vidas, ya han trabajado en nosotros, nos conocen y si han quedado contentos y satisfechos acuden veloces a la llamada de nuestro átomo-germen para volver al trabajo. Pero si los hemos frustrado, si no les hemos dado su salario, se encuentran sensibilizados negativamente y no podemos contar con ellos para formar nuestro futuro cuerpo mental. ¿Cómo se produce ese mecanismo de frustración de nuestras fuerzas mentales? Veámoslo.
Hemos dicho que nuestros vacíos internos están ocupados por entidades espirituales que nos proporcionan una fuerza que produce en nosotros una determinada evidencia, un determinado conocimiento y, por su parte positiva, nos impulsa a comportarnos de una manera definida. Esto ocurre tanto en nuestro cuerpo de deseos como en el mental, y la fuerza ocupante actúa sobre las espaldas, por así decirlo, de las entidades atómicas, o sea de los elementos que forman nuestro cuerpo mental o de deseos.
Hay una ley en el cosmos que exige que cuando utilicemos algo, compartamos los beneficios que nos ha reportado su utilización con la entidad utilizada. Resulta así que la fuerza espiritual que nos ocupa debe transferir parte de su salario a las entidades atómicas que le permiten funcionar.
Pero si la persona utiliza la fuerza que ocupa sus vacíos para gozar del conocimiento que le reporta, sin permitirle que su personalidad se exprese en el mundo positivamente, es decir, sin permitirle dar fruto, realizar una obra, entonces resulta que está frustrando esa fuerza de su legítima aspiración, que es la de ser útil en la tarea de creación. Se encuentra así en las mismas condiciones que el obrero que no recibe su salario en un estado muy semejante al de la esclavitud.
Si el obrero espiritual no cobra, mal puede repartir sus beneficios con las potencias atómicas que lo sostienen, de modo que cuando llega el final de la vida y el cuerpo mental se desagrega en el Mundo del Pensamiento, las partículas se separan con el sentimiento de no haber recibido su salario, de no haberse enriquecido con la vida que acaban de vivir.
Es natural pues que cuando esas partículas son llamadas a constituir un nuevo cuerpo mental para esa persona, se hagan oídos sordos y los ingenieros que construyen el cuerpo del pensamiento se encuentran con pocos materiales para poderlo edificar. Finalmente se verán obligados a utilizar materiales de calidad inferior, no adecuados para soportar la vibración de fuerzas espirituales elevadas, ya que cada ocupante de nuestros vacíos, para instalarse en ellos, necesita que los componentes atómicos de nuestro cuerpo puedan soportar su vibración sin desintegrarse.
Es importante pues compartir nuestra riqueza con el hermano; es importante no almacenar, ni en el sentido físico ni en el espiritual. Y debemos tomar nota de algo que pasa generalmente desapercibido y es que esas fuerzas que nos ocupan y que nos dan una determinada visión del universo, actúan en las tres esferas en las que tenemos vida, de modo que debemos abrir la puerta de nuestros tres mundos. O sea, el conocimiento no nos obliga tan solo a transmitirlo intelectualmente, sino a comportarnos con nuestra entidad física consecuentemente con ese conocimiento, puesto que si decimos una cosa y hacemos otra, los que nos siguen nos verán el plumero, como suele decirse y lo que estaremos estableciendo es la confusión.
En el próximo capítulo hablaré de: la lámpara encendida