Interpretación esotérica de los Evangelios

0 de 427 lecciones completas (0%)

Capítulo 12

Oír la voz

No tienes acceso a esta lección

Por favor, inscríbete o accede para acceder al contenido del curso.

«En verdad, en verdad os digo que llega la hora, y es esta, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que escucharen, vivirán. Pues así como el Padre tiene la vida en sí mismo, así dio también al Hijo tener en sí mismo la vida y el poder de juzgar, como Hijo del Hombre que es. No os asombréis de esto, porque llega la hora en que cuantos están en los sepulcros oirán su voz y saldrán, los que han obrado bien para la resurrección en la vida y los que han obrado mal para la resurrección después del juicio. Yo no puedo hacer por mí mismo nada; según lo oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió». (Juan V, 25-30).

En este oscuro pasaje del discurso de Jesús, nos dice Juan que ha llegado la hora en que los muertos oirán la voz. Esos muertos somos nosotros cuando laboramos solo en la columna de la izquierda, atados a los convencionalismos, a lo estructurado por una sociedad que funciona al revés. Y continúa Jesús diciendo que los que escucharen vivirán. Ya hemos comentado que la columna de la izquierda no es generadora de energía, ya que esta procede de la derecha. De este modo, se entiende que si empezamos a laborar en la columna de la derecha, la crística, si “escuchamos” su discurso y lo interiorizamos, tenemos asegurada la vida.

A continuación dice que el Hijo de Dios es también el Hijo del Hombre. Ya hemos explicado anteriormente que ese título de Hijo del Hombre, que se da a la personalidad crística, se debe a que dicha personalidad es siempre una conquista del ser humano; una dura conquista que se alcanza después de haber bregado en el mundo de las construcciones materiales, buscando la luz en el laberinto de las leyes y reglamentos que ordenan el universo sometido a los poderes de la izquierda. 

De esa batalla nace nuestro Hijo, la obra, el Hijo de nuestros esfuerzos humanos que es, ni más ni menos, que el Hijo de Dios, es decir, el divino Hochmah encarnado en nuestro corazón y con poder para juzgar nuestros actos, con un control absoluto sobre nuestro comportamiento. 

Nos encontramos ahora en el recorrido inverso en el Árbol de la Vida, es decir, de Malkuth a Kether. Hemos invertido los mandos y vamos hacia arriba, hacia nuestra espiritualidad. Es por ello que debemos pasar de Binah a Hochmah, de Jehovah a Cristo, de las normas al amor.

Entonces esos muertos de que hablábamos en los puntos precedentes oyen la voz de este Hijo de Dios convertido en hombre, que ha tomado el corazón como cuartel general y salen de sus sepulcros para tomar las riendas de la edificación de nuestra existencia. 

La entrada en servicio de esas fuerzas que estaban en sus sepulcros corresponde a la resurrección del bien, el cual dicta sus criterios, que serán valederos en el futuro de nuestra vida, mientras que la parte de mal que haya en nosotros quedará sometida al tribunal de nuestra propia conciencia, donde el Hijo del Hombre, nuestra personalidad crística, lo juzgará y lo incorporará a la vida después de haber sido purificado.

Ya hemos hablado de la responsabilidad que todos tenemos para con las personas que han sido objeto de nuestras malas acciones, de nuestros malos sentimientos y pensamientos. Aunque nosotros tomemos conciencia del mal que hemos causado y nos veamos limpios de él, debemos sin embargo reparar el desorden que hayamos causado en los demás, y esta es la tarea que nos espera en otras vidas. 

Pero cuando el Hijo del Hombre ha nacido en nosotros, trae consigo su virtud transmutadora, o sea, la magia que permite cambiar el mal en bien y restaurar lo desordenado. Entonces ese Hijo del Hombre, actuando en nuestro corazón, reparará los daños que hemos causado y, para lograrlo, no necesitará estar en contacto físico con los perjudicados, sino que puede hacerlo a distancia, de manera que el bien aparecerá en las vidas de esas personas de una forma asombrosa para ellas; un bien proporcionado al mal que de nosotros hayan podido recibir.

Es decir, si el daño procedía de nuestra mente, si han sido nuestras ideas perversas las que han inducido a nuestros semejantes a mal obrar, al iniciar su reinado el Hijo del Hombre en nosotros, se producirá en ellos una transmutación intelectual y accederán a un mundo luminoso en el que encontrarán fácil solución a sus problemas. El mal que les hicimos les habrá servido así para encontrar el camino.

Si ha sido con nuestros sentimientos con lo que hemos difundido el mal, será también en sus sentimientos donde recibirán los beneficios. En ese mundo oscuro aparecerá su Arco Iris, anunciador de que la tormenta ha pasado, y verán aparecer el amor, los afectos, la solidaridad que quizá no tenían, gracias a su mala vinculación con nosotros. El Hijo del Hombre salva, cuando aparece, a todos aquellos que se encuentran en su proximidad.

Si es en el dominio material donde los hemos perjudicado, también recibirán el contra valor de su pérdida con intereses. Supongamos que les hemos estafado una suma de dinero. Pues bien, nuestra personalidad crística se la devolverá. Quizá en aquel momento no dispongamos de fondos para devolvérselo, pero el Hijo del Hombre tiene crédito abierto en los mundos de arriba y basta con que firme un cheque sobre esa cuenta para que el dinero le llegue de una forma o de otra.

Esto no tiene nada de misterioso o sobrenatural, porque todos tenemos por delante un futuro de vidas en las que dispondremos naturalmente de medios materiales para protagonizarlas. El ser profano no puede disponer de forma anticipada del dinero que va a ganar en una próxima vida, pero cuando el Hijo del Hombre toma la dirección de nuestra existencia, sí puede hacerlo, porque arriba se sabe que cumplirá su compromiso. 

Así pues, el que ha estafado y robado, si accede a la personalidad crística, puede dar orden a los ángeles del destino de que paguen a los perjudicados las cantidades debidas con cargo a su cuenta en el banco de arriba, ya que ese mundo tiene sus bancos, de los cuales los de aquí son meras copias imperfectas. Esto no supone un perjuicio para el interesado, puesto que de todas formas le tocaría pagar en una próxima vida. Lo único que hace es anticipar el pago, ahorrándose así la vivencia a que ese pago daría lugar.

Por el mismo procedimiento se liquidarán los demás daños materiales que hayamos podido ocasionar, teniendo en cuenta que solo somos responsables en parte de tales daños. La otra parte de responsabilidad corre a cargo del propio perjudicado, ya que si en él no hubiese habido predisposiciones kármicas para encajar el mal, nunca hubiésemos podido perjudicarlo.

Estas son algunas de las maravillosas cosas que nos sucederán cuando las fuerzas que están en nuestros sepulcros oigan la voz del Hijo del Hombre y se levanten.

En el próximo capítulo hablaré de: testimonio

Kabaleb
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.