Continúa Mateo con su 5º capítulo: Os han enseñado aún, que ha sido dicho a los antiguos: No serás perjuro y cumplirás con el Señor lo que has prometido por juramento. Pero yo os digo de no jurar, ni por el cielo, porque es el trono de Dios, ni por la tierra, que es su pedestal; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. No jures tampoco por tu cabeza, ya que no está en ti volver blanco o negro uno solo de tus cabellos. Que vuestra palabra sea: sí, sí o no, no. Lo que se añada a esto, del maligno viene«, (Mateo V, 33 a 37).
Esta recomendación de Cristo ha tenido poco éxito en la vida práctica y vemos como hoy, en países que se declaran cristianos, los gobernantes juran solemnemente fidelidad a la constitución, a la nación, a la república, a la monarquía, y lo hacen por su honor y con la mano puesta en libros sagrados. Si no respetan su juramento, la sociedad los considera gentes sin honor, sin principios, sin moral, y a veces reciben un duro castigo por ello. Sin embargo, Jesús dijo sin lugar a dudas a sus discípulos que no juraran y que se limitaran a decir sí o no. ¿Por qué en el Reino del Padre el juramento no tiene curso? Veámoslo.
La antigua Ley había sido dada a los seres humanos para que pudieran edificar el mundo material. Los que construyeron siguiendo esas normas nos han dejado edificios que aún hoy perduran, y ejemplos de solidez son las pagodas chinas, los templos indios, las pirámides, las catedrales. El juramento era, en el aspecto moral, lo que daba solidez a los compromisos, haciendo que las edificaciones intelectuales de las personas fueran tan sólidas como sus edificios.
Pero Cristo vino a revelar al ser humano una nueva dimensión, vino a liberarlo de sus compromisos anteriores. Las cosas evolucionan y nosotros con ellas, y lo que un día resulta bueno, puede no serlo más tarde. Un ser atado a un juramento es un ser cuya conciencia, en ese aspecto, no puede evolucionar y, por encima de todo, el ser humano debe ser fiel a su conciencia;
Si la persona deja de ser fiel a su consciencia actual para guardar fidelidad a algo que hizo en el pasado, cuando no había alcanzado aún el estadio en que se encuentra ahora, está incumpliendo para consigo mismo. Imagina una persona que le promete en el lecho de muerte a su padre que se vengará por la ofrenda que le hicieron en el pasado. Pero esa persona evoluciona y se da cuenta que la venganza no le llevará a nada bueno, entonces, para ser fiel a su consciencia deberá faltar a su promesa. Por eso es mejor no prometer.
En el mundo de libertad que Cristo vino a anunciar, el ser humano no debería atar su palabra a una realidad forzosamente pasajera. Sin embargo, la recomendación de no jurar no supone que la persona pueda romper por las buenas sus compromisos anteriores. Si el cristiano ha accedido de verdad al Reino del Padre, es que está movido en su fuero interno por la bondad, la sabiduría, el amor, y entonces no necesita juramento para actuar en todo momento por el bien de sus semejantes y el suyo propio.
En cambio, si necesita jurar sobre el libro sagrado para ser fiel a un compromiso, ello es más bien señal de que no se adhiere a ese compromiso más que en su aspecto formal y que necesita el rigor de la ley para mantener su promesa.
En el próximo capítulo hablaremos de: poner la otra mejilla por evolución