Nos dice la crónica sagrada que los judíos tomaron la palabra y le dijeron: «¿Qué milagro nos muestras tú para actuar de ese modo?» Y Jesús respondió: «Destruid este templo y en tres días lo levantaré» Los judíos replicaron: «¿Han sido necesarios cuarenta y seis años para edificarlo y tú en tres días lo levantarías?» Pero Jesús hablaba del templo de su cuerpo, y sus discípulos, añade el cronista, recordarían sus palabras después de su muerte, cuando al tercer día resucitó. (Juan II, 18‑22).
Vemos aquí con bastante claridad que no fue de un templo físico de donde Jesús expulsó a los comerciantes, sino de un templo espiritual. Cuando los judíos hablan de los cuarenta y seis años que se tardó en edificarlo, se refieren a las letras del código hebraico Mem (la 13) y Vav (la 6), ya que el valor de Mem es cuarenta y el de Vav es seis. Y cuando Cristo habla de tres días, está refiriéndose a la letra Ghimel (la 3), cuyo valor es tres. Los judíos le dicen que edificar aquello les costó un Mem y un Vav y Cristo les responde que él lo edificaría en un Ghimel ¿Qué es lo que debemos entender aquí?
Aquellos que han estudiado las letras hebraicas saben ya que el Mem es la fuerza que abre el cuarto ciclo elemental, el de Tierra, regido zodiacalmente por Capricornio y sefiróticamente por Hesed en su segundo ciclo, en el cual interioriza el deseo, lo convierte en una institución.
El Vav pertenece en el zodiaco a Escorpio y sefiróticamente a Tiphereth. A través de Escorpio hace que el amor arraigue en nosotros mismos; a través de Tiphereth transmite la luz al universo entero. El Vav es el agente fecundador y, al estar aquí en relación con el Mem, lo que transmite es la fuerza material. El templo de Mem‑Vav es pues el de los deseos instituidos, materializados, convertidos en edificio vivo y en centro fecundador de todo un universo, institutor de un modelo de sociedad.
En cambio el templo del Ghimel, que propone Jesús, es el del Padre, puesto que a través de esa letra, que corresponde zodiacalmente a Sagitario y sefiróticamente a Binah, la voluntad de Kether se exterioriza gracias a la exteriorización de la luz que representa Sagitario y se hace firme gracias a las fuerzas cristalizantes de Binah.
Después de su muerte, cuando el cuerpo material regido por el Mem se disolvió, a los tres días, bajo la regencia del Ghimel, Jesús resucitó, reapareció para expresar la voluntad del Padre.
En el próximo capítulo hablaré de: la fe pasajera