Interpretación esotérica de los Evangelios

0 de 427 lecciones completas (0%)

Capítulo 19

Después del diluvio

No tienes acceso a esta lección

Por favor, inscríbete o accede para acceder al contenido del curso.

Vemos que al principio Adam desobedeció las reglas divinas y se vio arrojado de la gracia divina que, como sabéis, circula por la columna de la derecha. Cuando ese primer linaje humano fue exterminado con el Diluvio, Dios realizó nuevamente una prueba y pidió al ser humano que renunciase al mundo que él mismo había edificado, como condición indispensable para que la gracia pudiera volver a él. Abraham fue el hombre dispuesto a echarlo todo por la borda con tal de obtener esa gracia y por ello recibió promesa de alianza.

Pueden, en justicia, decirse hijos de Abraham todos cuantos, en un determinado punto de su itinerario evolutivo, son capaces de levantar la espada del discernimiento y cortar de cuajo la cabeza de ese hijo mítico, que es nuestra obra humana. Cuando las fuerzas internas nos movilizan para tal gesto, ya no será necesario cortar esa cabeza, porque entonces el pasado ya no constituirá una amenaza para nuestro futuro, sino que veremos a nuestro rey Herodes entregarle al niño divino las llaves del reino material, cediéndole la administración de cuanto él con sus esfuerzos, ha organizado.

En el sacrificio no consumado de Isaac vemos cómo debemos conducir nuestra dinámica interna. Algunos, al irrumpir la espiritualidad en sus almas, lo dejan todo para vivir intensamente esa llamada. Se separan de sus amigos, de sus negocios, de sus hábitos, imposibilitando toda convivencia con los que formaban parte de su mundo. Esos son los que matan a Isaac, los que no han oído la voz del ángel que dice: «Abraham, no extiendas tu brazo sobre el niño«. 

Nos dice la historia sagrada que en el lugar preparado para el holocausto apareció un cordero, que Abraham degolló en ofrenda del Señor. Era una imagen del divino cordero zodiacal que representa el signo de Aries, ese animal cósmico cuya sangre es portadora de iluminación espiritual.

La obra de Abraham consiste pues en incorporar el mundo antiguo al nuevo mundo que aparece en el alma, después de haber sentido la tentación de destruirlo. Esa destrucción es lo corriente en la dinámica del mundo material, administrado por los Luciferianos. 

Caín mata Abel, o sea, se incorpora el ser espiritual como única forma de poder realizar sus construcciones materiales. Herodes persigue a Jesús que amenaza su reino. El mundo material tiene que destruir constantemente la espiritualidad porque es gracias a esa destrucción como puede ir subsistiendo. 

Pero para vivir en la espiritualidad, para vivir según la dinámica del Reino de Cristo, no es necesario proceder de igual modo, porque las energías creadoras necesitan una forma material para manifestarse y todo consiste en invertir los mandos. Cuando lo hagamos, la Tierra se convertirá en un auténtico país de las maravillas.

Sin embargo, el ser material acostumbrado a las leyes que emanan de la columna de la izquierda, al llegar al punto de su camino en que es necesario efectuar el cambio tiene tendencia a obrar de acuerdo con su cultura, con lo que conoce desde siempre, y le parece oír la voz de su divinidad interna que le induce a matar su mundo como condición indispensable para entrar en el otro. 

Muchos son los que se detienen en ese estadio de su evolución y ya no van más allá; inmolan a Isaac y se quedan con una espiritualidad impotente, llevando una vida de eunucos espirituales, condenados permanentemente a ser receptáculos de una fe sin obras. Los que oyen la voz del ángel y conservan la vida al hijo, son los que realizan la obra de Abraham. No era este el caso de los judíos que querían dar muerte a Jesús.

Abraham y su hijo Isaac convivieron amorosamente. En el Árbol cabalístico, el primero ocupa el lugar de Hesed, el segundo es Gueburah y de él nacería Jacob, que alumbraría a su vez las doce fuerzas que convierten al ser humano en un zodiaco capaz de reflejar la vida divina.

En el próximo capítulo hablaré de: el constructor de la conciencia

Kabaleb
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.