Así, los seres humanos vuelven una y otra vez a la sinagoga de Jehovah, vida tras vida, pero en ella encuentran ya, desde que Cristo vino, el camino de salida. Ese camino es la propia vida de Cristo, el que él señalizó con sus acciones y que hemos intentado mostrar y clarificar en estos textos.
El Barrabás que sigue desde el principio este itinerario, que va incorporando a su vida el repertorio de gestos y de acciones que realizara Jesús, llegará a ese punto final en que ahora nos encontramos, en el que su naturaleza interna se verá transmutada y todo lo desperdiciado que se acumule en su historial será destruido y podrá salir definitivamente del mundo de Jehovah para instalarse en el Reino.
Lo ideal sería que en una sola vida los seres humanos recorrieran el itinerario crístico, pero en la práctica esto no sucede así. Vivimos en el mundo de las leyes, y de las reglas de Jehovah y al mismo tiempo vamos dando a nuestra existencia toques crísticos, un detalle por aquí, otro por allá. Cuando se acumulan tales toques, nos viene de pronto la revelación de la verdad y entonces nos ponemos en camino. Esto puede suceder en las primeras etapas, como a aquellos ciegos o a los centuriones que Cristo curaba en sus múltiples recorridos por las aldeas, o puede suceder al final, como con ese centurión que, al pie de la cruz, reconoció el linaje del muerto.
Cuando encontramos el camino, ya estamos en la vía de la liberación y aunque podemos detenernos en ella, porque, como en todas las carreteras, existen en sus bordes hostales, posadas, áreas de servicio, sabemos perfectamente que aquello es un alto en el itinerario hacia la meta, a la que, aunque más tarde, hemos de llegar.
Hemos dejado en este punto de la enseñanza a María, representante del alma emocional, llorando ante el sepulcro vacío. De pronto, al inclinarse hacia esa urna, aparecen dos ángeles, uno en la cabeza y otro en los pies de donde había estado el cuerpo de Jesús. La semilla, al morir, deja en nuestra alma emotiva el mensaje que la induce a volver su mirada hacia atrás para descubrir el Maestro resucitado. Es hacia atrás que encontraremos al Maestro en su tercera fase de manifestación, en su tercer día.
En efecto, en el período de exteriorización de nuestras fuerzas espirituales, la marcha hacia adelante nos lleva al mundo físico, distanciándonos cada vez más del Ego Superior. Pero cuando Binah ha finalizado su mandato y hemos captado del mundo material todo cuanto podía sernos de utilidad, conviene realizar una marcha atrás y volver al punto de partida.
A veces esta maniobra es difícil. Ya hemos abordando en varias ocasiones esta cuestión a lo largo de la enseñanza, para decir que es preciso invertir los mandos y, hacerlo, es tanto más difícil en cuanto más rápida es la velocidad de crucero de nuestro vehículo humano. Ya saben los automovilistas lo peligroso que es abordar una curva cerrada a altas velocidades. ¿Qué no será cuando esa curva es una media vuelta?
En el próximo capítulo hablaré de: la misión de los mensajeros