«¿Quién de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado le dará una serpiente? Así pues, si vosotros, malos como sois, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, con mayor razón vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas a quien se las pida«. (Mateo VII, 9 a 11).
Cristo se refiere al padre físico para que sus discípulos comprendan exactamente la naturaleza del Dios que había venido a revelar. Si el padre físico ya es dispensador de bienes para con sus hijos, ¡qué no hará el Padre Eterno por la humanidad que ha generado! La relación padre físico-Padre Eterno no es arbitraria, no es un ejemplo dado por Cristo a sus discípulos como podía haber elegido otro cualquiera. El padre físico nos revela, por su modo de relación con nosotros, el tipo de relación que mantenemos con el Padre Eterno.
Si nuestro padre se comporta con nosotros de forma despótica, arbitraria o injusta, es señal de que nuestra relación con el Padre Eterno no es buena. Y es así porque en anteriores vidas hemos actuado de tal forma, que dimos lugar a que se generasen el despotismo, la arbitrariedad o la injusticia.
No es que el rostro de Dios haya cambiado su naturaleza al contemplarnos a nosotros, no es que exista en Él una expresa voluntad de castigo, sino que somos nosotros los que nos hemos situado en la vida de tal forma que solo podremos contemplar ese rostro a través del despotismo, la cólera, el atropello, según sea la faz que este padre físico nos presenta.
Ello nos anuncia que el camino hacia el Padre Eterno será difícil y tortuoso, ya que, ¿quién es capaz de amar al tirano, al agresor, al que nos oprime y destroza? Sin embargo, ese es el único camino: amar a ese padre arbitrario y cruel, porque si conseguimos amarlo, habremos cubierto el camino que nos separaba del Eterno y habremos reconquistado su amor.
La enemistad con el padre es la más terrible de las enemistades porque significa que la persona se encuentra escindida de su propia fuente original, y si el Padre Eterno no actúa en nuestra vida, tomará su lugar el usurpador, el que nos enseña por el camino del dolor y de las sombras.
Lo primero que debe hacer pues el que aspira a entrar en el Reino, es establecer buenas relaciones con su padre físico, porque es una condición indispensable para que arriba esas buenas relaciones se establezcan también, puesto que, como diría Cristo más tarde, todo lo que atares en la tierra será atado en el cielo.
Entendamos que las relaciones se mejoran cuando tomamos consciencia de lo que debemos aprender con la situación tensa o dolorosa que estemos viviendo. Esto significa que podemos mejorar la relación con nuestro padre incluso después de que este haya fallecido, a través de un trabajo y una toma de consciencia.
Cuando una persona ha nacido huérfana, ha sido abandonada, o ha perdido a su padre en la niñez, la relación con el Eterno se ve también interrumpida o frenada. Por ello es de primerísima necesidad que los huérfanos sean adoptados lo más rápidamente posible, ya que el padre legal ejercerá las funciones del que está ausente y la relación simbólica se encontrará restablecida. Esta es la razón por la cual en el pasado el padrino era quien ejercía las funciones de padre cuando este faltaba.
Por esta misma razón, es interesante que las viudas con hijos contraigan segundas nupcias, a fin de dar un nuevo padre a sus hijos. Un error que puede cometer una mujer contra sus hijos, es separarlos del padre, moral o materialmente, porque aunque ese padre resulte ser lo que comúnmente se llama «una mala pieza«, representa una relación que, como hemos dicho en el punto anterior, ayuda a informarse acerca del género de relación existente con el Padre Eterno, y permite superar la prueba, amar en la dificultad.
Si esa relación no existe, la prueba podrá difícilmente ser superada. En estos tiempos en que hay tantos problemas en el seno de las familias, conviene que estemos informados sobre estos temas para poder transmitir esa información a quien la necesite.
En el próximo capítulo hablaré de: lo que quieras que te hagan, hazlo.