Interpretación esotérica de los Evangelios

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Capítulo 11

La libertad atrae

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Nos dice la crónica (Marcos III, 7 y siguientes) que una gran multitud lo siguió, proveniente de todas partes. Las gentes sencillas, llamadas «multitud», se sienten atraídas por la idea de libertad. Ellas constituyen la imagen de lo que se encuentra en nosotros en trance de formación, lo que no tiene aún un carácter definido y que más tarde, un día, constituirá la tendencia reinante, la que ha de instalar en el trono de nuestra vida esta libertad que Cristo preconiza.

Esa movilización de las multitudes para enseñarlas a ser dueñas de su sábado, no alarmó solamente a fariseos, herodianos, escribanos etc., sino a la propia familia de Jesús, la cual marchó a su encuentro diciendo: «Ha perdido el juicio”. (Marcos III, 21).

Esta intervención de la familia hay que entenderla en términos simbólicos. Son los contenidos de la columna de la izquierda quienes, al alcanzar su plena madurez, engendran al «niño» que ha de llevar sobre sus espaldas a Cristo. El mundo viejo, el de las leyes y reglamentos, genera el mundo nuevo, procrea al Salvador, al que descubre la dinámica que ha de permitir al ser humano pasar de ser dominado por la divinidad a ser dominante y utilizador del potencial creador.

Ese mundo viejo, no comprende al nuevo que ha nacido de él. Ya hemos visto cómo Juan Bautista, que es el trazo de unión entre ambos mundos, dudaba de si Jesús era o no el esperado. Su familia ya no duda; cree, simplemente, que ha perdido la razón. Pero Jesús se desvincula de ellos. Ya no pertenecía al mundo de las fuerzas que lo habían engendrado, sino a ese universo inédito en el que los vínculos están por hacer. «Mi madre y mis hermanos son los que hacen la voluntad de mi Padre que está en los cielos«, dijo, señalando a sus discípulos y a la multitud sentada en torno a él. (Mateo XII, 46-50. Marcos III, 31-35).

Teniendo en cuenta que un día nos encontraremos en esas condiciones, es evidente que todos seremos hermanos y que la comunidad familiar, lejos de romperse, se ampliará y universalizará. Ya son numerosas las comunidades esotéricas en las que sus miembros se llaman hermanos.

También podemos comprender, con este razonamiento, que al recorrer un camino iniciático de crecimiento personal, vayamos dejando atrás a las personas que representan nuestro pasado, a los que tratan de frenarnos o retenernos como rehenes de un mundo caduco.

En el próximo capítulo hablaré de: la parábola del sembrador

Kabaleb
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