Interpretación esotérica de los Evangelios

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Capítulo 19

La verdad os hará libres

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«Si permanecéis en mi palabra, decía Jesús a los que habían creído en él, seréis en verdad discípulos míos y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Contestaron ellos: somos linaje de Abraham y de nadie hemos sido jamás siervos; ¿cómo dices tú seréis libres? Jesús les contestó: en verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es siervo del pecado; pero el siervo no permanece en la casa para siempre; en cambio el Hijo sí, de modo que si el hijo os liberare, seréis verdaderamente libres”. (Juan VIII, 31-36).

Explica en este punto Jesús cómo la verdad libera al ser humano de toda dependencia. La verdad es un atributo conjunto de Kether y Hochmah, del Padre y el Hijo, porque la fuerza llamada Padre no tiene rostro propio, siendo el soplo primordial que lo mueve todo. Ese soplo se manifiesta en Hochmah-Hijo bajo el rostro del amor y esa es la verdad fundamental que une y da sentido a todas las cosas, la que permite al universo sostenerse y avanzar. Luego, al pasar por los distintos molinos de la vida, la verdad pacta, se disfraza, se reduce; la gran verdad se fracciona en pequeñas verdades, y, a veces, en determinadas situaciones, se presenta bajo una forma negativa, y entonces le parece a la persona que decir la verdad es traicionar, es cometer una maldad.

Ya en Binah, la verdad se ve obligada a disfrazarse con los oropeles del sacrificio. Ya sabemos que este Séfira entroniza el sacrificio, lo instituye, y en él la ley del sacrificio aparece como una suprema y única verdad. Pero los que estudiamos la dinámica de las cosas divinas sabemos que por encima de Binah está Hochmah y que el amor tiene rango superior al sacrificio, de modo que cuando el amor aparece, el sacrificio no es necesario, queda sin efecto.

En Hesed, la verdad tomará otro rostro, el de la bondad, la tolerancia, la abundancia, el bien social. Y en Gueburah la verdad será rigor, será exigencia de sí mismo, quizá intolerancia, rectitud a ultranza, trabajo duro. En Netzah la verdad será belleza, delicadeza, refinamiento, arte, complacencia. En Hod, la verdad se disfrazará con la túnica de lo posible, lo que es hacedero, de acuerdo con una lógica material, dadas unas circunstancias determinadas. Allí la verdad será lo razonable, lo plausible, el compromiso entre el designio de Dios y el propósito humano. En Yesod, la verdad se vestirá de imaginación y se proyectará en la realidad material, en Malkuth.

Imposible establecer un catálogo de los múltiples rostros de la verdad, cuando esta verdad es el resultado de infinitas combinaciones derivadas de la influencia de los distintos Sefirot-planetas. 

A veces, la verdad se opone a la fidelidad, de manera que proclamar esa verdad nos sitúa inmediatamente en el papel de traidores. Otras veces la verdad es destructora de una reputación, o supone el fin de una empresa. También Hochmah-Urano tiene una faz destructora, que es precisamente lo que han captado los astrólogos, los cuales, han catalogado a Urano como un planeta maléfico. Y, en efecto, Urano destruye el Mal, disuelve sus compuestos para que el artista pueda utilizarlos en la estructuración de una nueva obra.

Así pues, aunque la verdad aparezca disfrazada de tal forma que decirla signifique dañar a una persona, a una institución, o dañarse a sí mismo, la verdad siendo una virtud que procede del principio, ha de ser el hilo de Ariadna que nos conduzca a la libertad y a la pureza. 

Si la verdad destruye algo que solo puede aguantarse a fuerza de mentiras, hay que decirse que aquello también acabaría desmoronándose. Mientras las mentiras o el ocultamiento de la verdad lo aguantasen, iría generando vínculos viciosos que dificultarían la futura existencia de las personas implicadas en el asunto. Al producir la destrucción, la verdad ha liberado a esas personas de su dependencia kármica a las situaciones que la ausencia de verdad o a la mentira iría creando.

El que comete pecado es siervo del pecado, advierte Jesús; o sea, el que se asocia a una mentira, se vincula a ella, y como la mentira, al igual que el siervo, no permanece en la casa, la persona que se ha negado sistemáticamente a reflejar la verdad, se verá, en otra vida, metida en situaciones precarias; que se desmoronan rápidamente porque están edificadas con materiales procedentes del error; que no son sólidos porque las fuerzas de la verdad no están en ellos. Sus propios sentimientos y pensamientos estarán constituidos con esos materiales, y con ellos reinará la incoherencia y se desmoronarán sus amores y su lógica. Vivirán en la incertidumbre, en la adversidad.

Es muy importante pues decir la verdad en las pequeñas y en las grandes cosas; enaltecerla por encima de todo y, al obrar en nuestra existencia cotidiana, hacerlo siempre de tal forma que no nos veamos obligados a mentir, ni siquiera a ocultar lo que estamos haciendo; y menos aún que obliguemos a los demás a ocultar nuestros hechos, porque procediendo así nos volvemos responsables de su vinculación a la mentira, somos plantadores de la semilla de la mentira y esta semilla que plantamos un día florecerá en nuestra tierra humana.

En el próximo capítulo hablaré de: hijos de Abraham

Kabaleb
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