“El primer día de la semana, María de Magdalena fue al sepulcro de buena mañana, cuando aún era de noche y vio que la piedra había sido apartada del sepulcro. Ella corrió hacia Simón Pedro y hacia el otro discípulo que Jesús amaba y les dijo: Han sacado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han llevado. Pedro y el otro discípulo fueron al sepulcro. Ambos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más deprisa que Pedro y fue el primero en llegar al sepulcro. Al inclinarse vio los vendajes que estaban en el suelo, pero no entró. Simón Pedro, que le seguía, llegó y entró en el sepulcro; vio los vendajes en el suelo y el sudario que habían puesto sobre la cabeza de Jesús, no en vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces el otro discípulo, que había llegado primero al sepulcro, entró también, vio y creyó. Ya que no comprendían aún que según la Escritura Jesús tenía que resucitar de los muertos. Y los discípulos volvieron a sus casas”. (Juan XX, 1-10).
Vemos en esta secuencia que la primera en descubrir que algo sorprendente había acaecido, fue una mujer, María Magdalena.
Ya hemos visto en varias ocasiones que la mujer, en el relato evangélico, es una imagen del alma humana, de esa alma que contiene todo el historial de nuestras vidas. María Magdalena era una de tantas mujeres de «mala vida» que Jesús encontró en su camino y que se vieron regeneradas por su doctrina reveladora.
La Magdalena es una de las tres Marías que se encontraban al pie de la Cruz, representantes de la nueva tierra humana en la que nuestra alma ha de actuar. Ya dijimos que María, la madre de Jesús, y su hermana representan la nueva tierra física y la «tierra» etérica. La de Magdalena representa la «tierra» de los deseos, que es la auténtica tierra de Cristo, la gestada y trabajada por la oleada de vida actuando en Hochmah.
En efecto, los de su generación tuvieron un cuerpo de deseos y fue ese cuerpo el que se conectaría con el cuerpo etérico y físico de Jesús. María Magdalena es pues el alma emotiva que Cristo vino a limpiar para que pudiera acceder al mundo del pensamiento y «respirar» la unidad que reina en este mundo.
En esta Alma Emotiva se manifestará la primera señal de que algo extraño ha pasado en el sepulcro de Cristo. Ve la piedra movida, es decir, aquello que aseguraba la permanencia del cadáver en su lecho se ha movido. Y lo ve cuando aún es de noche, cuando no se ha hecho aún en el alma la luz que le permitirá comprender. En esta alma inquieta se produce la incertidumbre y va en busca de los discípulos más próximos para que le expliquen lo que ocurre, primero se dirige a Pedro, el edificador del mundo cristiano, después aJuan, el inspirador, el revelador de la nueva tierra, según encargo que le hiciera el Maestro en la Cruz.
En el próximo capítulo hablaré de: las tres fases.