A menudo hemos oído hablar de siete pecados capitales. Utilizando un lenguaje más acorde con nuestros días podemos llamarlos los siete errores capitales y tienen, como lo descubriremos, una relación directa con los planetas principales de nuestro sistema solar, los siete primeros que fueron descubiertos. Los planetas representan pulsiones de energía que mueven nuestros mecanismos internos para llevarnos a la acción. Así que la distorsión de su energía tendrá un efecto directo en nuestras vidas. Resulta importante comprender la repercusión que esos errores.
Los errores relacionados con los planetas generan un desorden que plantamos de alguna forma en nuestra vida y luego lo encontramos interiorizados en nuestro organismo y más tarde. Y siguiendo la ley de Yod-He-Vav-He de plantación, interiorización, exteriorización y fruto, veremos como ese desorden se plasma en nuestra realidad, en forma de anécdotas, de situaciones, de enfermedades, de malformaciones.
Veamos pues las disfunciones físicas que cabe esperarse del mal uso de la energía de Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio y Luna, expresados en nuestra personalidad y en nuestra vida.
La avaricia es un error saturnino y es producido por un mal estado cósmico de Saturno en la carta astral de nacimiento o por un tránsito planetario. En el plano mental, Saturno produce una parálisis de las ideas y una disminución de la luz.
Cuando Saturno forma aspectos armónicos, sobre todo respecto a Urano, su plomo permite captar las energías uranianas y convertirlas en luz doméstica y lo mismo ocurre en el ámbito intelectual: la luz graduada de Saturno hace que lo espiritual resulte comprensible. Pero cuando Saturno se opone violentamente a Urano, la excesiva concentración plomiza no permite el paso de la luz uraniana y la persona se ve privada de ella. Como sea que Saturno es el que instituye el «paisaje» en el que se desarrolla la obra de nuestra vida, la persona en cuyo tema astral se formen estos aspectos inarmónicos, irá como a ciegas por su destino, le costará mucho reconocer los accidentes de su camino.
La avaricia siendo una manifestación externa de las disonancias saturninas, al manifestarse en una persona, nos revelará también otros defectos ocultos – como el que acabamos de señalar- que no son aparentes. En este caso, un ser avaricioso será al mismo tiempo un ser indefenso contra los embates de su destino, porque no verá venir la adversidad. Es como si al no compartir lo que tiene, el universo hiciera lo mismo con él y se guardara sus respuestas, su información.
En el terreno emotivo, Saturno frena de forma considerable los sentimientos, haciendo que la persona sea pobre en emociones, que pueda rayar en la frigidez sentimental o la insensibilidad.
El avaricioso será pues también un insensible hacia todo lo que le rodea y así se comprende que lleve una vida sórdida de privaciones, como el tío Gilito de Disney, porque no siente apetencia hacia lo exterior y no comprende que otros puedan sentirla. Las pocas energías que se filtran en él sirven para alimentar el limitado interés que siente por su poco apetecible vida.
Su avaricia no es más que una manifestación, entre varias, de su pobreza energética y su retención del dinero es el síntoma de una retención más general de todos los fluidos, debido a la necesidad a que lo somete su pobreza de valores.
El avaro tenderá a convertirse en un ser pobre, en el más amplio sentido de la palabra: pobre en ideas, en sentimientos y emociones, en posesiones, ya que el dinero retenido es para él una pura abstracción y no significa que vaya a utilizarlo para procurarse experiencias que, por las razones apuntadas, no pueden penetrar en él; pobre, finalmente, en deyecciones: el avaro suele padecer de estreñimiento crónico.
La avaricia es pues el indicio que revela un desorden de vastas proporciones, puesto que arranca de uno de los puntos más elevados de el Árbol de la Vida, el centro número tres. Su corrección necesitará un gran esfuerzo de voluntad, pero se verá facilitada por el repudio general de que será objeto la persona por parte de todos cuantos le rodean. La soberbia puede resultar halagadora, es un defecto que gusta al que lo posee. La avaricia, no, y por ello el avaro, al verse tan unánimemente rechazado, puede decidir un día abrir el arca de sus tesoros, como le ocurriera a aquel famoso personaje del “Cuento de Navidad” de Charles Dickens.
La desaparición de ese síntoma externo conducirá a un reordenamiento de las corrientes internas y el ex‑avaro tendrá una mayor abundancia de ideas, mayor calor en los sentimientos y una buena salud, ya que en el terreno físico las disonancias de Saturno producen arterioesclerosis, reúma, dolores de espalda, parálisis, artrosis, artritis y enfermedades óseas en general.
Si estas enfermedades no aparecen en la vida del avaro, con toda seguridad se manifestarán en una próxima existencia, cuando las semillas de la mala influencia saturnina hayan arraigado en la «tierra» de la persona. Diremos pues que la avaricia produce los males crónicos, las enfermedades de los huesos y todas las que se deben a cristalizaciones en el funcionamiento de los distintos órganos del cuerpo.
Según el signo en que Saturno se encuentre situado, en la próxima vida del avaro, sus efectos paralizantes se producirán en uno u otro órgano. En lo sensorial, la perturbación saturnina producirá la sordera.
En el próximo capítulo hablaré de: Júpiter, la gula