Por espacio de cuatro meses, Jesús permaneció inactivo, en lo que se refiere al trabajo evangelizador y mandó a sus discípulos a sus habituales ocupaciones. La hora de promulgar el Reino no había llegado aún porque Juan seguía allanándole el sendero. Tomó algunas veces la palabra en la Sinagoga, pero su intervención siempre fue decepcionante para los que esperaban de él «un signo«. Lo ocurrido en Caná hacía que una multitud acudiera a sus reuniones para presenciar nuevos prodigios que les confirmaran que él era el Mesías esperado, se sentían atraídos por los milagros.
Aunque la mayoría salía decepcionada, algunos creían en él, no por lo que decía, puesto que la mayor parte del tiempo se limitaba a leer pasajes bíblicos de Isaías, sino por lo que era, por la imagen viva que penetraba en ellos, por la energía que emitía su personalidad. Ese periodo de espera corresponde al periodo psíquico de fortalecimiento de la fe.
Hemos visto, que en el camino ascendente hacia la espiritualidad viva, el candidato alcanza una fase en la que espera que el salvador de sus intereses materiales aparezca en el exterior, espera un milagro, una lotería. Como sea que esa figura no aparece, la persona se encuentra en un mar de confusiones. En ese momento solo la fe puede mantenerla espiritualmente tensa. Si esa fe no existe, si no aguanta la prueba, la persona será una más entre esa muchedumbre defraudada que salía del templo pensando que aquel no era el esperado, porque no lo manifestaba con ningún prodigio. Volverán entonces a sus quehaceres materiales, dejando su búsqueda espiritual para más tarde.
Si a pesar de que los «signos» no aparecen, la persona sigue vinculada al Maestro que promete la llegada del Reino, a esa fuerza interior que la empuja más allá, es señal de que el cambio indispensable para reconocer las enseñanzas de Cristo se está produciendo.
Ese confiar en que aparecerá lo que aún no se ve, es la fe, esa fuerza interna que, tal como la definiría Cristo más tarde, mueve montañas, allanando los caminos que conducen a la gracia. Será en el reino de la fe donde Cristo aparecerá y no en otro lugar. Por ello la espera era necesaria, porque corresponde a un proceso natural.
Y la fe se manifiesta con particular esplendor cuando más contrariantes son las circunstancias de nuestra vida. Cuando se ve todo en blanco negro y no aparece la salida por ninguna parte, cuando todo se siente perdido, cuando las eminencias del mundo profano nos han desahuciado, es entonces cuando la fe allana los caminos que conducen a la gracia, desaparecen las montañas y surge el milagro redentor. Muchos se curan en Lourdes o en Fátima, pero en verdad no es la Virgen quien los ha curado, sino la fe que estalla como una granada en sus entrañas, y la fe puesta en ese lugar por tantos miles de personas.
Por duras que sean las circunstancias no debemos permitir nunca que nos quiten la fe, porque ella nos conducirá hacia el río iris que nos hará ver de nuevo la luz.
Nelson Mandel pasó 27 años encarcelado y nuca perdió la fe y cuando consiguió que lo liberasen fue elegido como el primer presidente negro de la historia de surAfrica.
En el próximo capítulo hablaré de: un programa de vida.